La monarquía saudí cierra el grifo del petróleo a Egipto

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Noticia del MUNDO.COM

Por: Francisco Carrión -Corresponsal El Cairo-

En los últimos días el régimen egipcio se ha topado con un desagradable imprevisto: la compañía estatal saudí Aramco, la mayor petrolera del mundo, ha decidido cerrar el grifo del suministro de crudo a la tierra de los faraones. El pasado abril, en una visita oficial del rey Salman repleta de boato, ambos países firmaron un contrato por valor de 23.000 millones de dólares por el que Aramco se comprometía a enviar 700.000 toneladas mensuales de petróleo al país más poblado del mundo árabe. La transacción no había conocido sobresaltos hasta este mes. A principios de octubre, el gigante saudí informó de la suspensión del acuerdo a las autoridades egipcias sin desvelar las razones de tan abrupto parón. “Los motivos reales de la cancelación no resultan claros. Es evidente que hay contactos al más alto nivel entre los dos países para que todo vuelva a la normalidad”, señala a EL MUNDO el economista Amer Kamal Hamuda, especializado en el sector petrolero.

Déficit de crudo

El portazo saudí, hecho público esta semana por la prensa local, ha obligado a El Cairo a lanzarse al mercado y buscar en tiempo récord alternativas para cubrir el déficit de crudo. “Hemos logrado 700.000 toneladas de petróleo de otros proveedores para reemplazar a Aramco durante este mes”, informó este miércoles el portavoz del ministerio de Petróleo Hamdi Abdelaziz sin precisar su procedencia. Varios de los envíos comprometidos, agregó, ya han llegado a Egipto para tranquilidad de un régimen consciente de los efectos políticos de la interrupción del suministro en medio de una grave crisis económica. Precisamente, la escasez de combustible contribuyó a desgastar rápidamente al islamista Mohamed Mursi, derrocado en el golpe de Estado que en julio de 2013 urdió el actual presidente del país, el ex jefe del ejército Abdelfatah al Sisi. La súbita suspensión, sin embargo, acarrea un serio coste para las arcas estatales, aquejadas de una alarmante escasez de dólares. Para hacer frente a la búsqueda de proveedores alternativos, la compañía petrolera estatal ha tenido que asignar más de 500 millones de dólares a la inesperada compra.

En declaraciones a varios medios de comunicación saudíes y egipcios, funcionarios de Aramco han proporcionado versiones contradictorias acerca del cese del acuerdo, enmarcado en un paquete de ayudas financieras en virtud del que Riad ha inyectado miles de millones de dólares en el Estado egipcio desde la asonada. Según algunas fuentes, la decisión está ligada a la reducción de la producción de petróleo pactada en la última reunión de la Organización de Países Exportadores de Petróleo (OPEP). Sin embargo, otros dirigentes de la firma vinculan la cancelación a una “decisión política”, consecuencia de la mala racha que atraviesan las relaciones diplomáticas entre dos estrechos aliados. “Arabia Saudí está cabreada por la demora en la entrega de las islas y la votación sobre Siria en la ONU”, desliza el economista.

Tijeretazo al sistema de subsidios

En abril, a cambio de unas suculentas dádivas económicas, Egipto aceptó ceder a la monarquía saudí la titularidad de las islas de Tirán y Sanafir, en el mar Rojo. El traspaso, bloqueado por los tribunales tras un fallo recurrido por el Ejecutivo, alumbró las protestas más multitudinarias de la era Al Sisi. No obstante, la gota que ha colmado la paciencia saudí acaeció el pasado sábado. Egipto, miembro no permanente del Consejo de Seguridad de la ONU, votó a favor de los proyectos de resolución sobre Siria presentados por Francia y España granjeándose el enfado público de Riad. “Resultó doloroso ver que las posiciones de Senegal y Malasia se hallan más cerca del consenso árabe sobre Siria que la de un representante árabe”, descargó el embajador saudí en la ONU, Abdalá al Mualimi. Ambos desencuentros no son las únicas cuitas que han tensado los lazos: la escasa implicación militar de Egipto en la intervención en Yemen o sus flirteos con Moscú y Teherán también han avivado las diferencias. En cualquier caso, el látigo saudí es el enésimo tormento de Egipto, que en agosto rubricó un préstamo aún pendiente de confirmar por 12.000 millones de dólares con el Fondo Monetario Internacional. El pacto le obligará a ejecutar un tijeretazo al sistema de subsidios y devaluar su moneda. “El impacto de la suspensión saudí es muy fuerte. No es una decisión sostenible en el tiempo y tendremos que terminar arrodillándonos ante Riad”, concluye Hamuda.

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