“Yo guardé el balón histórico”
Por Fabio Larrahondo Viáfara falavi2005@yahoo.com
“Celebramos muy emocionados, los del banco nos metimos a la cancha, pues en ese estadio no hay pista…luego cuando regresábamos el balón pasó por mi lado, lo cogí, me lo llevé, lo guardé, lo hice firmar de todos, lo desinflé y lo metí al maletín…”.
Quien así habla es Rubén Darío Hernández, “El muchacho de la carrera alegre”, como lo bautizó el doctor Hernán Peláez. Se trata del balón con que Freddy Rincón anotara aquel gol histórico ante la poderosa Alemania, en el Mundial de 1990.
“Yo estaba calentando con Arnoldo Iguarán, pues el profesor Francisco Maturana nos decía que podíamos ganar, porque los alemanes estaban cansados y estaban dejando boquetes. Íbamos a entrar con la misión de picar ante todo balón, cuando ellos nos anotaron…y al ratico vino el empate con una serie de toques desde abajo y lo definió Freddy…”, cuenta con voz rayada por la amargura de la muerte de quien consideraba su hermano.
“Maturana siempre nos dijo que no éramos un equipo…que éramos una familia, por eso él nos considera sus hijos y nosotros nuestro padre… De ahí el dolor tan grande que sentimos por el fallecimiento de Freddy…”, dijo al magazín El Girasol de Radio Diez de Marzo en entrevista con su director Carlos Alberto Lenis y quien escribe.
Se trata de un balón de la familia “Etrusco único”, como lo llamó Adidas y fue creado en 1989 para el Mundial de Italia en 1990, la Copa América en 1991 (Chile), la Eurocopa de 1992 (Suecia) y los Juegos Olímpicos de Barcelona (1992) …
“Lo entregué a mi padre, quien años después me lo devolvió por considerar que estaba mejor en mis manos. Varias veces intentaron comprármelo, hasta Chicho Serna para incluirlo en los adornos de un local suyo, pero no accedí. Es de mucho significado para la historia del fútbol colombiano, por eso preferí donarlo al Museo del Deporte creado por el dirigente Gustavo Moreno en el estadio de Armenia, donde reposa”, relata con cierta emoción y tristeza.
Recuerda que el propio Freddy Rincón se lo pidió una vez y le respondió que lo seguiría guardando como un recuerdo para todos y para todos los colombianos, por eso lo donó al museo donde se exhibe.
A una pregunta sobre ¿de qué tamaño vio usted el balón cuando se deslizó por las piernas del gigante Bodo Illgner?, respondió: “la verdad, ni grande, ni pequeño, cuando lo vimos es que iba a ser gol y vino la celebración…. Era la celebración de más de 40 millones de colombianos en un país que estaba en un momento muy difícil”. Eran los tiempos de carrobombas, guerra de carteles.
Rubén Darío Hernández recuerda que lo celebró “con más emoción que el gol que hice contra Paraguay y que nos dio paso al repechaje ante Israel…Más que todos los goles de mi carrera, unos 191” . (Precisamente contra Paraguay dio pase a Iguarán para el primer gol y luego hizo el segundo).
A esta altura se le quiebra la voz al recordar su cercanía con la muerte aquella vez del terremoto de Armenia, donde reside y hace parte del equipo técnico del Quindío, también cuando estuvo enfermo del corazón…y ahora la muerte de “mi hermano Freddy Rincón”.
Todos los recuerdos le cruzan por la mente “cuando me paro a observar el balón del gol histórico, me pasa por la mente la historia del fútbol colombiano”.




