Antonio de Zulueta, el biólogo español olvidado que tradujo a Darwin

El libro «Del elefante a los dinosaurios: 45 de años de historia del Museo Nacional de Ciencias Naturales (1940-1985)» rescata la figura de uno de los grandes nombres de la genética en España y Europa

Antonio de Zulueta investigando en su laboratorio (1950) – Imagen cedida por la familia Zulueta / MNCN

1937, Guerra Civil Española. El reputado biólogo evolutivo y genetista John Burdon Sanderson Haldane, alistado en las Brigadas Internacionales, recala en Madrid, donde aprovecha para visitar el Museo de Ciencias Naturales. A pesar de las circunstancias, el director interino de las instalaciones, Antonio de Zulueta, le muestra las bodegas, en las que sigue empecinado en hacer experimentos con el escarabajo polimórfico Phytodecta variabilis, con el que probó la existencia de genes en el y cromosoma y, por tanto, que la herencia genética estaba unida al sexo; su pupilo, el profesor Fernando Galán, se encuentra criando «pepinos explosivos» (Ecballium elaterium), muy «apropiados» para el momento.

Mientras los tres charlan sobre ciencia, son interrumpidos por un bombardeo «más severo que cualquiera de los de Londres en 1914-1918», tal y como escribirá el propio Haldane tiempo después en una nota en «Nature». Y acaba: «Creo que la persistencia de Zulueta y Galán en condiciones, por decir lo mínimo, desagradables para la investigación, merece ser registrado y es un buen augurio para el futuro de la biología en España».

Pero no se cumplió el pronóstico del genetista británico: la ciencia española en general, y el museo madrileño en particular, cayeron en un periodo bastante oscuro. Así lo relata « Del elefante a los dinosaurios: 45 de años de historia del Museo Nacional de Ciencias Naturales (1940-1985)», una obra resultado del arduo trabajo de una docena de investigadores del CSIC que intenta, precisamente, arrojar luz y desempolvar figuras que se quedaron injustamente relegadas al cajón del olvido, como el propio Antonio de Zulueta.

«Es un personaje que todos los biólogos de mi generación conocemos y desconocemos en partes iguales», explica Andrés Galera, investigador del Centro de Ciencias Humanas y Sociales del CSIC, autor del capítulo destinado a «uno de los mejores genetistas europeos de su época» y responsable de la charla que cerrará el ciclo de conferencias en torno a la nueva publicación del MNCN, el próximo martes, 27 de octubre.

Los inicios de Zulueta
Antonio de Zulueta y Escolano, el pequeño de seis hermanos, nació en Barcelona el 7 de marzo de 1885. Por una enfermedad, y siendo aún un niño, se traslada a vivir al lado del mar, donde empieza a interesarse por los moluscos. Su afición es tal que, sin haber terminado los estudios, es aceptado en una sociedad científica catalana, donde aviva aún más su pasión por la biología. La licenciatura la cursará a caballo entre la ciudad condal y Madrid, en donde finalmente echará raíces. Pero sus ramas próximamente se comenzarán a extender por toda Europa.

«Se paga él mismo la estancia en París -estudiará en la Sorbona- y se mantiene por sus medios hasta que por fin le conceden una beca», cuenta Galera. A finales de la primera década del siglo XX, Zulueta también cursa una beca en el Instituto Koch (Berlín), tomando contacto con los últimos avances de la época. En este momento recibe una llamada del Museo Nacional de Ciencias Naturales de Madrid para convertirse en conservador, un cargo técnico que sobre todo está dirigido a la docencia de las nuevas generaciones de biólogos que quieren formarse más allá de nuestras fronteras. Acepta, y se plantea el reto de introducir la nueva metodología que ha aprendido en Europa. También funda su laboratorio, cuestión definitoria de su devenir vital. Es aquí cuando empieza su «idilio» con el museo.

Antonio de Zulueta (bata blanca) en el laboratorio de Biología del MNCN. – Imágenes cedidas por la familia Zulueta / MNCN

«Era un profesor generoso, pero también muy exigente. Siempre decía aquello de ‘Esto está bien. Pero podría estar mejor’. Pero no ponía el listón alto solo para los demás, también lo hacía con su propio trabajo». Quizá por esa tendencia al perfeccionismo su traducción de la famosa obra de Charles Darwin, « El origen de las especies», es considerada la mejor edición española de todas las existentes. «Sin embargo, como suele pasar en España, somos expertos en olvidar lo importante y acordarnos de lo anecdótico», reclama Galera. Porque Zulueta fue mucho más que un buen traductor.

 

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