En la mente del asesino: la joven historia de la unidad de la Policía Nacional que analiza la conducta criminal

A finales de los años 70, el FBI confeccionó un método para trazar los perfiles de criminales violentos que ayudara a parar la epidemia de asesinos en serie que sufría EE.UU. Los orígenes no fueron fáciles. Debieron enfrentarse a la falta de técnicas y a la desconfianza de sus propios compañeros policías, que preferían la intuición clásica a estas formas experimentales de cazar psicópatas. En España, esa misma pugna entre lo viejo y lo nuevo se vivió dentro de la Policía Nacional, aunque, desde luego, aquí no existían retos tan aterradores como los del país de Ted Bundy o el asesino del Zodiaco. «Nosotros hemos trabajado mucho con compañeros del FBI y tienen exactamente los mismos problemas que nosotros.

Es verdad que aquí no tenemos, salvo algún caso aislado, asesinos en serie de una manera habitual. Lo normal es el caso único», advierte Juan Enrique Soto, que durante una década dirigió el departamento policial que hacía estas tareas en España.

Inicios difíciles
Con motivo del estreno de la película ‘The Black Phone’, protagonizada por Ethan Hawke en el papel de un asesino de niños de los años setenta en EE.UU, Juan Enrique Soto, doctor en Psicología y profesor de criminología de la UNIR, relata a ABC cómo fueron los primeros pasos de la sección de Análisis de Conducta de la Policía Nacional, una unidad creada en el año 2010 para desentrañar las mentes criminales más retorcidas, y las tareas que desempeñan.«Lo que nos interesa es poder decirle al investigador las características del criminal, dónde le tienen que buscar y, a ser posible, qué víctimas va a buscar», esboza Soto, que estuvo hasta 2020 al frente de esta sección de élite.

Soto entró en la policía con el título de Psicología y una carrera volcada sobre la investigación de homicidios.«Intuía que la psicología y la investigación policial podían unirse perfectamente, lo cual suena hoy muy obvio, pero en los años noventa del siglo pasado no lo era», relata. El FBI llevaba muchos años desarrollando su unidad y en algunos países, como Gran Bretaña, tenían secciones parecidas, pero no era nada extendido. El investigador español fue aprendiendo de modo autodidacta lo que podía hacerse y aplicándolo a los casos que se cruzaban en su camino. No fue hasta 2010 cuando se vislumbró una sección que aglutinara todas estas técnicas.

«Yo tengo el perfil, pero no encuentro a nadie que quiera ponerlo en funcionamiento»
Cierto día, Soto escuchó a su jefa decir que estaba deseando montar una unidad de análisis de la conducta, «pero no encuentro a nadie con el perfil para ponerla en marcha». El psicólogo y policía no tardó en abordarla: «Yo tengo el perfil, pero no encuentro a nadie que quiera ponerlo en funcionamiento». Desde el nacimiento de la sección, hubo que buscar encaje a las teorías conductuales dentro de las investigaciones tradicionales. Debieron pasar años hasta vencer la desconfianza de algunos policías hacia los psicólogos, especialmente en el ámbito judicial, y para entender que, dado sus buenos resultados, son una herramienta más para avanzar la investigación sin desmerecer el método tradicional. «Ha costado mucho trabajo, pero ahora ya saben que existe la sección, saben que puede venir a que les echemos una mano si tienen un caso bloqueado o si están en blanco. No tienen que esperar años», apunta Soto, que ahora habla a título individual de su experiencia.

Los casos más complejos
Las herramientas tradicionales siguen resolviendo la mayoría de los casos en España, donde los homicidios se resuelven casi nueve de cada diez veces. En ese 10% restante, los investigadores suelen acudir a Análisis de Conducta pidiéndoles ayuda para desatascar el caso. No solo para trazar los perfiles del posible criminal (si bien el FBI realiza unos 2000 informes al año, aquí el mejor año se hacen 24), sino para analizar imágenes y pistas desde una perspectiva conductual o, especialmente, para preparar interrogatorios. El porcentaje de éxito de la sección es muy alto, pero no siempre basta: «Siempre hay casos que se quedan sin esclarecer o donde tienes muy claro qué es lo que ha pasado, quién lo ha cometido, etcétera, etcétera, pero otra cosa es probarlo y recuperar todos los indicios»

Según explica el que fuera su jefe de orquesta durante diez años, cuando la sección de Análisis de Conducta de la Policía Nacional revisa casos antiguos de gran dificultad siempre empieza «absolutamente de cero», buscando las conductas de los implicados, haciéndose preguntas en las que nadie había reparado y centrándose, sobre todo, en la víctima. «Averiguamos todo lo que podemos sobre la víctima para preguntarnos por qué han elegido a esta persona», asegura el especialista, que niega la imagen cinematográfica de los investigadores obsesionados con descifrar las mentes criminales por una cuestión de orgullo intelectual, sino más bien «lamentando no poder ayudar más a la víctima o a los familiares».

«Es una cuestión cultural. La forma de ser de la sociedad estadounidense con toda su complejidad permite el fenómeno de los asesinos en serie. Ni aquí ni en nuestro entorno ocurre eso, por lo que necesitábamos nuestro propio método»
José Bretón, la peregrina de Astorga, el asesinato de Marta del Castillo, el pederasta de Ciudad Lineal… En estos doce años, la unidad ha participado en un gran número de casos mediáticos que mostraban un laberinto sin salida aparente. En el caso de Ciudad Lineal, Soto cuenta que se construyó un perfil en dos ocasiones, un primero cuando llevaba pocas agresiones y otro después cuando ya fueron más. «Al final encajó bastante el perfil, pero eso es independiente a lo que fue verdaderamente importante: indicar a los investigadores determinadas acciones que fueron muy concretas, como averiguar en qué gimnasio podía haber estado entrenando este individuo, qué profesión podía tener y, sobre todo, su lugar de residencia».

Así y todo, los métodos científicos a veces se estrellan con lo inesperado. En un caso de homicidio muy violento que aún recuerda Soto, el grupo elaboró una complejísima hipótesis para conducir una investigación que quedó sin resolver. Cuando finalmente se encontró tiempo después al responsable no fue por el perfil o por sofisticadas técnicas, sino, como muchos crímenes, porque el autor cometió otro delito y se pudieron cotejar sus huellas. «¡Se trataba de un delincuente común! Y tú dices ¡leche! Nosotros aquí rompiéndonos la cabeza buscando patrones y vínculos, y luego al final era de lo más tonto». Un caso similar es el de un atracador que siempre atacaba una única entidad bancaria en diferentes sucursales. «Te rompes la cabeza buscando vínculos: un cliente o un ex trabajador, etcétera, para luego averiguar que solo atracaba en esa entidad bancaria porque como la primera vez le salió bien, pues ya no cambió por superstición».

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