Abdul era gerente de una fábrica de chocolates en su país natal, pero debido a la violencia que en estos momentos está enfrentando Siria, decidió escapar de su país para proteger a su hija.

Abdul llegó hasta Beirut, donde no tenía hogar ni pertenencias. Según narra, permanecía despierto toda la noche mientras cobijaba a su hija del frío y posibles peligros. Sin embargo, había algo de lo que no podía protegerla: la terrible hambre.

Desesperado, Abdul se puso a vagar por las calles de Beirut vendiendo lo único que poseía: 8 plumas de tinta azul. La expresión en su rostro llamó la atención de Gissur Simonarson, un activista noruego, el cual le tomó una foto y la compartió en las redes sociales.

Nunca imaginó el impacto que tendría.

La foto de Abdul vendiendo plumas se hizo viral y tocó el corazón de millones de personas, tanto que la foto ha sido considerada una de las fotografías más impactantes de la historia. 

En tan solo unas horas, miles de personas ofrecieron ayuda para ayudar a aquel hombre cuyo único deseo era salvar la vida de su hija.

Abdul fue conocido al principio como “el vendedor anónimo”, pues ni el propio Gissur sabía a ciencia cierta quién era aquel hombre que vagaba por las calles de Beirut. En cuanto contactaron a Abdul, su vida cambió para siempre: la gente deseosa de ayudarlo logró recaudar la cantidad de 80 mil dólares para él y para su hija.

Cuando Abdul se enteró de esta buena acción, no pudo soportarlo y explotó en llanto con su hija en brazos.

Ahora la historia de Abdul y su pequeña es distinta, viven bajo un techo digno, su hija asiste a la escuela y además, quiere agradecer la ayuda que le brindaron apoyando a otros refugiados.

“Gracias a todos por su generosidad, pero sobre todo gracias por regresarle la sonrisa a mi hija”, expresó Abdul, un ejemplo de padre para todos nosotros.

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