¿Quién es el Padre Brochero, el argentino que el papa Francisco proclamó santo?

padre-jose-grabriel-del-rosario-brocheroFoto. Diego Lima AFP

Por. Daniel Pardo

Noticia publicada por BBC Mundo, Buenos Aires

“Usaba malas palabras para que la gente lo entendiera”, apunta Tomy del Carrillo. Sonriente, orgullosa, radiante.

Habla así del carisma de José Gabriel del Rosario Brochero, mejor conocido como el padre Brochero, el sacerdote argentino que ha sido declarado santo este domingo por el papa Francisco.

La santificación de Brochero, junto con la de otras seis personas, se produjo en una ceremonia multitudinaria en el Vaticano a la que asistieron unas 80.000 personas.

Muchas de ellas eran argentinos y algunos portaban pequeñas estatuas del padre.

En Villa Cura Brochero, en Argentina, miles de personas siguieron la ceremonia a través de una pantalla gigante.

Del Carrillo, una rosarina de 62 años, habla con BBC Mundo al frente de un busto de Brochero instalado en el altar de la Catedral Metropolitana de Buenos Aires, el principal templo católico de Argentina.

“Hace 15 días estuve con él”, continúa Del Carrillo, mientras exhibe en su celular las fotos que tomó de las efigies del ahora santo en Córdoba, donde reposan sus restos.

“Lo visito cada tanto para agradecerle los milagros”, asegura ella, sobre una localidad en las montañas cordobesas que lleva su nombre, Villa Cura Brochero, donde este domingo se congregarán miles de devotos para celebrar la santificación.

Brochero, que como buen cordobés también es conocido como “el cura guacho”, ha sido canonizado después de un proceso de casi 50 años en el que, entre otras cosas, le certificaron dos milagros.

Será el primer santo argentino, si no se cuenta a Benito de Jesús, el mártir cristiano que se fue del país a los 4 años de edad a España, donde vivió casi toda su vida.

Brochero, en cambio, es considerado tan argentino como Francisco, un estilo de símbolo nacional, y al igual que los fervientes seguidores del Papa, la gente lo adora por sus gestiones en favor de los pobres.

Uno como todos

Brochero nació en Villa Santa Rosa, un pequeño poblado en el norte de la provincia de Córdoba, el 16 de marzo de 1840, y murió en Villa del Tránsito (también en Córdoba) el 26 de enero de 1914.

Aunque los pueblos solo estaban separados por 50 kilómetros, en las montañas de Córdoba las distancias están mediadas por las pendientes de una de las zonas montañosas menos exploradas del Cono Sur, que en tiempos de Brochero contaban con poco, si no nulo, contacto con las ciudades.

Bajo su mando de presbítero estaban 4.336 kilómetros cuadrados de valles y serranías habitadas por campesinos, prófugos e indigentes.

Y pese a ello se le recuerda por generar desarrollo en estas tierras hostiles, abandonadas por el Estado.

Conectar la ciudad moderna con el pueblo aislado es una de las contribuciones que le atribuyen Brochero, no solo en términos de transporte: gracias a él llegaron escuelas, hospitales y gobierno a las remotas sierras cordobesas.

También los historiadores lo recuerdan por sus labores asistenciales, “ofreciendo al moribundo el religioso consuelo”, durante una epidemia de cólera en 1867 que dejó más de 4.000 muertos.

Tan cercano era a los vulnerables que, según la literatura, Brochero al parecer se contagió de la lepra por la cual murió luego de haber compartido el tradicional mate con personas que padecían esta enfermedad.

Pero más que por sus gestiones, lo que muchos argentinos le celebran es el estilo jocoso, informal y austero con que les gusta identificarse: el que le atribuyen al “argentino del pueblo”.

Legenda es su mula, Malacara. Legenda es el día que se tiró a un río crecido para ir a auxiliar a un moribundo. Legenda son sus ingeniosas maneras de capturar delincuentes. Legenda son sus palabras, dichos y discursos.

“Dicen que al despedirse de sus ilustrísimos colegas, quitose rápido la muceta (ropaje sacerdotal), como si le molestara, y la entregó con gracia, diciendo: ‘Este apero (utensilio) no es para mi lomo’. Y según otro testimonio, habría luego añadido: ‘Ni esta mula para este corral'”, se lee en Don Quijote por las sierras de Córdoba, una biografía.

 

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