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LA VIDA

POR: LUIS ANGEL REBOLLEDO CHAUX

En estos tiempos difíciles e imprevisibles donde se conjugan tantos factores muchas veces incomprensibles, el despertar al amanecer y sentir que estamos vivos es un privilegio que el Supremo Hacedor nos concede. Por eso la vida, ese don maravilloso que a pesar de ser un mundo aparte para cada uno de nosotros, está regida por leyes naturales incontrovertibles y por ordenamientos sociales determinantes de unos derechos y de unos comportamientos que garanticen que la existencia de los seres humanos en común, sea un factor de engrandecimiento y tranquilidad ciudadana y no de expectativas y propósitos negativos como desafortunadamente ocurre con frecuencia.

Aunque se puede pecar de idealismo en un sistema tan convulsionado como el de hoy, la vida sería muy valiosa y sus efectos altamente positivos si por lo menos a nivel individual hiciéramos que nuestro actuar se enmarcara dentro de unas directrices básicas creadoras de unos espacios llenos de oportunidades físicas e inmateriales alejadas de intereses meramente personales generadores de odio y desconfianza que en nada contribuyen a lograr la paz y la tranquilidad espiritual y social que todos anhelamos.

Por lo anterior, se debe aspirar a que la vida sea un proceso DINAMICO y propositivo donde la acción se traduzca en hechos propiciadores de bienestar personal y social. Hay que producir cosas o tener comportamientos que en conjunto vayan tejiendo unas redes a través de las cuales todos sientan que están contribuyendo en la medida de sus capacidades a formar un universo de posibilidades en forma organizada y equitativa. La existencia pasiva y muchas veces vegetativa carece de todo valor para los fines de una sociedad y por el contrario se convierte en un lastre o una carga improductiva. La ociosidad física y mental en nada contribuye al desarrollo colectivo ni al engrandecimiento de nuestra personalidad. Una vida dinámica es una proyección positiva y definitiva para un buen engranaje social.

El ser humano como suma representación de la vida, dotado de racionalidad y descernimiento debe utilizar esa existencia matizándola con una serie de valores y disciplinas que lo enaltezcan y le señalen un derrotero a seguir: la HUMILDAD, virtud que le permite a todo ser racional obrar sin prepotencia y vanidad frente a los acontecimientos y dificultades que surjan, sin pretender imponer su voluntad o modo de pensar por encima de otro pareceres o criterios. La falta de humildad y la intemperancia en el análisis de la problemática social es la causa de muchos de los males a todos los niveles (gubernamental, político, social). Ser humilde no es ser débil de espíritu o sumiso, es más bien construir un clima de entendimiento en la solución de los conflictos, respetando las diferencias y el querer de los demás; es dejar a un lado el orgullo y el delirio de superioridad característicos de algunas personas que con su proceder endurecen los conflictos y los prolongan innecesariamente en el tiempo.

La VERDAD en el ejercicio de las funciones vitales del ser humano constituye la esencia de cualquier proyección que pretenda crear o estabilizar toda actividad que busque la satisfacción del sentimiento colectivo. Cuando se obra dentro del marco de la verdad sin tapujos, sin esguinces, sin sofismas de distracción dentro de un medio ya viciado, los resultados pueden ser más dispendiosos pero finalmente prevalece la verdad. La mentira en contraposición a la verdad es uno de los males que más afecta a la sociedad y se utiliza especialmente por las autoridades, por los políticos y por organizaciones no gubernamentales para encubrir sus deficiencias e incumplimientos o sus actuaciones corruptas. Quien actúa con certeza y sin prevenciones tiene el campo abierto para salir con la frente en alto desde cualquier lugar.

El OPTIMISMO y POSITIVISMO cogidos de la mano deben ser también unos soportes que impulsen nuestras vidas para que sean útiles. No se pueden esperar buenos resultados si nuestra mente no está predispuesta para que ello ocurra. El optimismo sin ser ilusorio nos va aproximando poco a poco a la realidad, si persistimos desde luego. El positivismo igualmente vislumbra en nuestro entendimiento unas señales que nos indican que con los elementos de que disponemos podemos alcanzar la meta propuesta. Nuestra vida no debe dejarse vencer por el pesimismo ni sentirse derrotada antes de terminar la guerra. El éxito final es de los osados y valientes.

Después de referirme a algunos de los atributos que debe tener el ser humano para lograr una vida digna y ser útil así mismo, a su familia y a la sociedad, termino este escrito incluyendo la primera y la última estrofa del poema “Canción de la Vida Profunda” de Porfirio Barba Jacob, pieza poética magistral que realmente es un canto a la vida y un hermoso reflejo de los estados del alma con sus alegrías y sus tristezas, con sus triunfos y sus derrotas y con la esperanza de un devenir mejor en nuestras vidas.

Hay días en que somos tan móviles, tan móviles,
como las leves briznas al viento y al azar.
Tal vez bajo otro cielo la Gloria nos sonríe
La vida es clara, undívaga, y abierta como un mar.

Más hay también ¡Oh Tierra! un día… un día… un día
en que levamos anclas para jamás volver…
Un día en que discurren vientos ineluctables
¡un día en que ya nadie nos puede retener!

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