LOS DOS PAPAS Por. Carlos Alberto Lenis García.

Simplemente por curiosidad me senté frente a la tele para ver la cinta de Netflix los Dos Papas, mi curiosidad era verla y encontrar el por qué de algunos querían vetar esta opción de maravillosa que hoy disfrutamos sin salir de casa.
No vi nada de raro, nada que me alarmará, o me distrajera a lo que siempre he pensado de la iglesia católica, fui criado en la Comunidad Dominica, seguidor del Apóstol Santiago, he ido varias veces a Santiago de Compostela en España, a San Carlos de Apoquindo en Chile a reforzar con mi presencia la Fé en mi Dios.
Lo que encontré en la película fue a dos hombres de carne y hueso, con sentimientos, con inmensos recuerdos de sus vidas en un pasado donde las circunstancias lleva a cada uno de ellos a momentos que son imborrables y que seguramente no quisieron vivirlos, especialmente el hoy Francisco I, con Instantes como el de los sacerdotes torturados y muertos por la dictadura militar. Hecho que la historia le entrega cierta culpabilidad a Bergoglio, acto del cual no podemos ser jueces ya que no hubo un juicio y menos una sentencia, salvo lo que los clérigos superiores determinaron mandándole a cumplir con trabajos de comunidad en una zona distante a la capital Argentina, en donde su labor allí sirviendo fue determinante para comenzar a dar sus pasos Papales.
La película, que narra el encuentro ficticio, ya que ninguno de los dos hasta hoy se ha manifestado a dar claridad si esto fue o no, entre ambos próceres de la Iglesia desde ese 2005 hasta la dimisión de Benedicto XVI y el nombramiento de Francisco en 2013, busca trazar desde el principio un enfrentamiento dialéctico entre tendencias en la Iglesia católica. La rama más conservadora, representada por el Papa alemán, y la más progresista, en manos del argentino. Sin embargo, también desde los inicios cae en el brochazo grueso. Bergoglio es amable, hablador, simpaticón, bebe mate y es futbolero, seguidor del San Lorenzo y la selección argentina. Ratzinger, por su parte, tiene el gesto rudo, sólo conoce música clásica alemana que toca al piano, no sabe hacer chistes y bebe… ¡Fanta naranja!, ufff… que chévere fue ver este pasaje de la cinta. Ambos están demasiado caricaturizados porque, como ya se ha contado en libros y crónicas, ni Bergoglio es el nuevo doctrinero moderno de la Iglesia, a pesar de su criterio muy liberal, ni Ratzinger es el ‘pastor alemán’, al que en nuestro mundo de occidente ceñido a los mandatos gringos que nos ponen a los todos los Alemanes como los malos de siempre, lo es.
Cuando Ratzinger fue escogido como sucesor de San Pedro en el Vaticano, varios días me dediqué a investigar su historial, sacando luego en conclusiones, que su ejercicio sacerdotal era maravilloso, sapiencia e inteligencia tenían una excelente calificación para llevarlo a ese sitial. Y sobre Bergoglio, igualmente lo hice, aunque en la película se denota fácilmente que era también merecedor de ser Papa.
Además observo, que Benedicto XVI es el ortodoxo guardián de la Fe, sus puntos centrales lo llevan a la determinación de renunciar y dejar su sucesor. Y los dos, al fin y al cabo, son eso: Papas de la muy apostólica Iglesia católica, a la que esta debe sentirse orgullosa de haberse mostrado la verdad de dos hombres, que sienten y viven como cualquier humano sus vidas a pesar de su trono.
Así que no hay razón alguna, salvo que este apareciendo una “publicidad engañosa” de la competencia de Netflix para restarle suscriptores.
