Mantener la distancia social no basta para no contagiarse de coronavirus

Cada vez hay más pruebas de que el virus permanece en el aire, gracias a los aerosoles, y que puede transmitirse más allá de un metro de distancia y tiempo después de que el infectado abandone una estancia

Experimento simulando a una persona tosiendo a través de una mascarilla ineficaz, hecha con una servilleta doblada – Siddhartha Vermaa et. al, 2020/https://doi.org/10.1063/5.0016018

Al comienzo de la pandemia la Organización Mundial de la Salud (OMS) aseguraba que bastaba con lavarse las manos para no contagiarse de Covid-19. Pronto, los estudios científicos la llevaron a cambiar sus guías y a recomendar a la población mantener una distancia de seguridad. Ya en junio, pidió que toda la población usase mascarilla, no sin críticas por la lentitud con la que respondió ante la aparición de nuevas pruebas científicas.

Hoy, la OMS asegura que el coronavirus se transmite sobre todo a corta distancia. Sin embargo, cada vez hay más evidencias científicas que apuntan a que el virus se transmite a más de un metro de separación, y de que, además, puede quedarse flotando en el aire de un lugar cerrado. Por tanto, no basta con evitar los contactos cercanos: también se hace necesario usar la mascarilla, incluso si se puede mantener la distancia social, y ventilar estos lugares, ya sean escuelas, aviones, edificios o vagones de metro.

Es cierto que, aparte de destacar el contagio por contacto cercano, la OMS ya recomienda «evitar lugares y eventos abarrotados, espacios cerrados mal ventilados y el contacto prolongado con otras personas», pero desde hace meses decenas de expertos en aerosoles y en transmisión de enfermedades piden cambios en sus directrices.

«Evidencias abrumadoras»
En julio, 239 expertos publicaron una carta pidiendo a la OMS que reconsiderase sus guías. A principios de octubre, un comentario publicado en la revista « Science», encabezado por Kimberly Prather, investigadora de la Universidad de California en San Diego, defendía que «la atención debe dirigirse a proteger frente a la transmisión aérea» y que hay «evidencias abrumadoras de que la inhalación del virus es la ruta de transmisión principal».

Esquema que explica cómo la mascarilla frena la transmisión de la Covid-19, al frenar aerosoles (en rojo) y gotículas mayores (en verde)

Esta misma semana, un estudio demostraba que los hurones pueden contagiar a compañeros sanos por medio de una corriente de aire, a más de un metro de distancia. En agosto, un estudio detectó coronavirus con capacidad de infectar a 4,8 metros de un paciente. Además, hay múltiples investigaciones que muestran casos de contagios a una distancia considerable, o en los que una persona pasó el virus a muchas otras. Ésto último, conocido como supercontagio, es un fenómeno que no puede ser explicado por la transmisión a corta distancia, según muchos expertos, y se ha observado varias veces en autobuses o discotecas.

La controversia: aerosoles o gotículas
El origen de esta quizás incomprensible polémica está en la física. En concreto, en la física de las pequeñas partículas en las que los virus viajan de una persona infectada a otra sana. Por una parte, la OMS se centra en la transmisión a corta distancia, a través de «gotas grandes» o gotículas. Son esferas de saliva y moco, cargadas de virus, que se expulsan al toser y estornudar como auténticos proyectiles y que pueden contagiar a otras personas al impactar contra su boca o sus ojos, o al contaminar una superficie, como el pomo de una puerta. Al ser «grandes», la gravedad impide que lleguen muy lejos o que estén suspendidas mucho tiempo.

Sin embargo, los que destacan la transmisión aérea o a mayor distancia se centran en partículas más pequeñas: los aerosoles. Éstos no se lanzan como proyectiles, sino que quedan flotando en el entorno. Por eso, transmiten el virus al ser inhalados y no por impacto, lo que implica que gane peso la importancia de ventilar espacios cerrados, sobre todo porque los aerosoles pueden permanecer suspendidos entre 12 minutos y 10 horas, según las condiciones.

Por el momento, la OMS y los Centros de Control y Prevención de Enfermedades siguen considerando los aerosoles como ruta de transmisión secundaria. Un grupo de diez expertos, impulsores de las cartas dirigidas a la OMS, proponen varias recomendaciones: abrir las ventanas, instalar filtros MERV en los sistemas de ventilación, usar aparatos portátiles de purificación de aire, equipados con filtros HEPA, y medir la concentración de CO2 con sensores para evaluar la ventilación. De hecho, se recomienda no superar las 800 partes por millón de este gas, aunque en las aulas españolas se llegan a las 4.000, según un reciente estudio de la Universidad de Burgos.

Esquema de un filtro HEPA. Los aparatos de purificación equipados con filtros HEPA son recomendables, según expertos en aerosoles y transmisión de enfermedades

 

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