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Pelos de vaca para crear baterías más sostenibles

Las baterías son necesarias para el despliegue a gran escala de los automóviles eléctricos y otros vehículos eléctricos. De esta manera, se busca transformar el sector del transporte, uno de los principales emisores de gases con efecto invernadero, que en este caso se originan tras la combustión de gasolina, gasóleo y gas natural. El objetivo es acelerar la transición energética y reducir el impacto del cambio climático global.

Las baterías actuales de iones de litio tienen un ánodo de grafito y un cátodo de cobalto y níquel. Estos últimos son elementos escasos, caros y contaminantes. Cuando se cargan, los iones de litio pasan al ánodo. Así se almacena la energía. Durante el uso de la batería (la descarga) los iones de litio se mueven en el sentido inverso.

Para lograr baterías más eficientes, se deben resolver varias limitaciones de este proceso, como la cantidad de ciclos de carga-descarga que la batería es capaz de soportar, la velocidad de carga y su densidad de energía. Todo ello sin comprometer su seguridad; esto es, evitar sobrecargas, sobrecalentamientos y cortocircuitos.

Utilizar el azufre como cátodo podría generar una mejora en estas cualidades. Además, es un elemento químico más abundante, menos contaminante y menos costoso. Es decir, que se obtendría una batería más sostenible. Pero este azufre necesita un “esqueleto” en donde adherirse para formar el cátodo. Aquí entra un componente sin duda llamativo, aunque ecológico y sostenible, que unos científicos han identificado como adecuado para este proyecto: pelo de vaca.

El equipo en cuestión lo integran científicos de la Universidad Nacional de Córdoba (UNC) en Argentina.

La fase definitiva del trabajo de investigación comenzó de un modo un tanto inusual y poco agradable. Victoria Bracamonte, junto con Guillermina Luque y Andrea Calderón recibieron una bolsa de pelos de vaca con “un olor a pis que espantaba”. Pero tanto ellas como el resto del grupo del Laboratorio de Energías sustentables (LAES) de la UNC sabían que podía ser una materia prima idónea para crear baterías de litio de próxima generación.

El resultado fue un éxito. Tal es así que se ha tramitado una patente en Estados Unidos.

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