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Piero tenía la nacionalidad colombiana, el cantante quien murió ayer a los 81 años será recordado por el amor a este país

El arte no conoce fronteras, y la identidad de un creador musical a menudo se expande más allá de su tierra natal para echar raíces en los corazones de los pueblos que adoptan sus canciones.

Este es, sin lugar a dudas, el caso de Piero De Benedictis, conocido universalmente como Piero. Aunque los registros oficiales indican que nació en Italia y se consagró artísticamente en Argentina, existe una verdad cultural innegable: Piero también era colombiano.

Su relación con Colombia superó el simple idilio entre un ídolo y su público; se transformó en un arraigo profundo, un refugio emocional y un compromiso social que lo unió al país de manera indisoluble.

Originalmente, la nacionalidad colombiana le iba a ser otorgada a finales de 1993 por el entonces presidente César Gaviria. El propio Piero relató en entrevistas que debían viajar a Medellín para el acto formal. Sin embargo, la agenda presidencial se canceló abruptamente ese día porque coincidió con la fecha en que las autoridades abatieron al capo del narcotráfico Pablo Escobar (2 de diciembre de 1993).

Debido a ese suceso, el trámite se postergó casi un año. Finalmente, en 1994, el nuevo presidente Ernesto Samper retomó el proceso y le hizo la entrega oficial de la ciudadanía en Bogotá. El cantautor siempre recordó este hecho manifestando el profundo orgullo y felicidad que le causaba ser legalmente colombiano.

Más allá de su éxito musical con himnos como “Mi viejo” o “Para el pueblo lo que es del pueblo”, Piero se convirtió en un adoptado por la nación debido a su constante activismo.

  • Recorridos humanitarios: Viajó frecuentemente a zonas muy golpeadas por el conflicto armado, como el Urabá antioqueño, el Meta y el norte del Cauca.
  • Embajador de Paz: Participó activamente en los intentos de diálogos en el Caguán durante el gobierno de Andrés Pastrana, apoyó marchas de las víctimas del paramilitarismo en 2008 y fue nombrado formalmente Embajador de la Paz por el gobierno y las Naciones Unidas.

Para los colombianos, la voz de Piero se convirtió en la banda sonora de múltiples generaciones. Himnos eternos como Mi viejo, Si de más está decir o Para el pueblo lo que es del pueblo resonaron con una fuerza única en un territorio marcado por la búsqueda constante de la paz y la justicia social.

La sensibilidad del cantautor para retratar la cotidianidad, el dolor del desarraigo y la esperanza de los marginados encontró en Colombia un eco perfecto. No era un extranjero cantando sobre realidades ajenas; era un cronista que entendía perfectamente las heridas y los anhelos de la sociedad colombiana.

A lo largo de las décadas, Piero no solo recorrió los grandes escenarios de Bogotá, Medellín o Cali, sino que se adentró en las regiones más apartadas del país.

Su presencia constante en festivales, conciertos benéficos y actos por la paz demostró que su afecto no era comercial, sino humano. En los momentos más complejos de la historia reciente de Colombia, el músico estuvo presente, utilizando la calidez de su guitarra como una herramienta de reconciliación.

El público local nunca lo vio como un visitante ilustre, sino como a un compatriota que compartía sus mismas causas y dolores.

La conexión fue tan estrecha que el propio artista manifestó en reiteradas ocasiones sentirse un hijo más de esta tierra tropical. La geografía colombiana, su calidez humana y su riqueza cultural permearon su cosmovisión. El afecto mutuo se consolidó de forma oficial cuando el gobierno nacional le otorgó la nacionalidad colombiana por adopción, un reconocimiento formal a una realidad que el pueblo ya había decretado en las calles y los teatros.

El cantautor argentino personifica la idea de que la patria no es solo el lugar donde se nace, sino el sitio donde se decide ser amado. Al repasar su legado, queda claro que su música derribó cualquier frontera.

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