Qué es la positividad tóxica y por qué es peligrosa

Los psicólogos advierten de que tener una actitud falsamente positiva puede ser dañina.

La positividad tóxica puede ser peor que la negatividad.Engin Akyurt / Pixabay

Es muy habitual, cuando estamos bajos de ánimo, que alguien nos diga que tenemos que tener una actitud positiva. Pero cuidado, porque los expertos advierten que esa positividad puede ser tóxica.

Tal y como recoge la BBC, el autor Mark Manson, que firmó el libro The subtle art of not giving a f*ck (“El sutil arte de que todo te importe una mierda”, 2018), asegura: “Cualquier intento de escapar de lo negativo —evitarlo, sofocarlo o silenciarlo— fracasa. Evitar el sufrimiento es una forma de sufrimiento. La negación del fracaso es un fracaso”.

En efecto, la positividad tóxica o el positivismo extremo es autoimponernos una actitud falsamente positiva, sobregeneralizando un estado feliz y optimista sea cual sea la situación, y silenciando nuestras emociones negativas.

Antonio Rodellar es psicólogo sanitario y especialista en trastornos de ansiedad e hipnosis clínica. En declaraciones a la BBC, dice: “La paleta de colores emocional abarca emociones desreguladas, como la tristeza, la frustración, la rabia, la ansiedad o la envidia. No podemos obviar que, como seres humanos, tenemos ese rango de emociones que tienen una utilidad y que nos dan información sobre qué sucede en nuestro entorno y en nuestro cuerpo. No podemos ignorarlas”.

Otra experta, la terapeuta y psicóloga británica Sally Baker, autora de The getting of resilience from the inside out (Resiliencia de dentro hacia afuera, 2019), “el problema de la positividad tóxica es que es una negación de todos los aspectos emocionales que sentimos ante cualquier situación que nos plantee un desafío”.

“Es deshonesto hacia quienes somos permitirnos únicamente expresiones positivas. Negar constantemente todo lo ‘negativo’ que sentimos en situaciones difíciles es agotador y no nos permite crear resiliencia”, dice Baker.

“Nos aísla de nosotros mismos, de nuestras auténticas emociones. Nos escondemos detrás de la positividad para mantener a otras personas lejos de una imagen que nos muestra imperfectos”, sentencia esta experta.

Diferencias con la psicología positiva
Los expertos creen que es importante también diferenciar la positividad tóxica de la psicología positiva.

Este último concepto lo acuñó Martin Seligman en su famoso libro The optimistic child (Niños optimistas, 1995). Este psicólogo estadounidense explicó que el pesimista no nace, sino que se hace y que podemos combatir el pesimismo y transformar nuestros pensamientos negativos en otros más positivos.

“El concepto de psicología positiva se ha distorsionado un poco con el paso del tiempo”, dice a la BBC Antonio Rodellar. “Enfocarse en los aspectos positivos de las diferentes situaciones que van ocurriendo en la vida puede ser terapéutico y constructivo. El problema es que llevado al extremo puede generar una baja capacidad de afrontar situaciones negativas”, añade.

“La psicología positiva aplicada correctamente es una práctica muy útil, pero de forma indiscriminada genera una visión muy parcial de la realidad y una sensación de indefensión. Negar las situaciones dolorosas y dañinas de la vida es como ver la realidad con solo un ojo”, añade Rodellar.

Reprimir los sentimientos negativos, además, puede afectar negativamente a la salud. “Todas las emociones que reprimimos se somatizan, se expresan a través del cuerpo, muchas veces en forma de enfermedad. Cuando negamos una emoción, encontrará una manera alternativa de expresarse”, dice Antonio Rodellar.

Sally Baker se expresa en términos parecidos: “Reprimir las emociones afecta a tu salud. Si escondes tus dificultades mentales tras una fachada de positividad tóxica, éstas serán reflejadas de formas alternativas en tu cuerpo, desde problemas en la piel hasta síndrome del intestino irritable. Cuando ignoramos nuestras emociones negativas, nuestro cuerpo les sube el volumen para llamar nuestra atención sobre ese problema. Reprimir las emociones nos agota mental y físicamente. No es saludable y no es sostenible a largo plazo”, dice.

Por otro lado, según Rodellar, “cuando nos enfocarnos sólo en las emociones positivas, obtenemos una versión más ingenua o infantil de situaciones que nos pueden ocurrir en la vida, de tal manera que nos volvemos más vulnerables ante momentos difíciles”.

Más allá va Teresa Gutiérrez, psicopedagoga y experta en neuropsicología, que considera que “el positivismo tóxico tiene consecuencias psicológicas y psiquiátricas más graves que una depresión”.

“Se desvirtualiza el mundo emocional y puede llevar a vivir una vida irreal que daña nuestra salud mental. Tanto positivismo no es positivo para nadie. Si no hay frustración y fracaso, no aprendemos a desarrollarnos en nuestras vidas”, dice, en declaraciones a la BBC.

¿Tienen la culpa las redes sociales?
Algunos expertos creen que las redes sociales pueden tener mucho que ver con todo esto. “Nos obligan a comparar nuestra vida con las vidas perfectas que vemos por internet. Hay una tendencia constante en las redes sociales a mostrarnos perfectos que resulta agotadora y que no es real. Si hubiera más honestidad en cuanto a las vulnerabilidades, nos sentiríamos más libres a la hora de experimentar todo tipo de emociones. Somos humanos y debemos permitirnos sentir todo el espectro de emociones. Está bien no estar bien. No podemos ser positivos todo el tiempo”, dice Sally Baker.

La clave, según los expertos, es validar en lugar de ignorar: “Ser más honestos, más auténticos, no tener miedo a expresar que nos sentimos tristes, deprimidos o con ansiedad. Reconocer que nos sentimos mal y saber que eso pasará. Experimentar esas emociones y aprender de ellas para ser más resilientes”, dice Baker.

Stephanie Preston, profesora de Psicología en la Universidad de Michigan, EE UU, asegura que la mejor forma de validar las emociones es “simplemente escuchándolas”.

“Cuando alguien te comparta sentimientos negativos, en lugar de apresurarte a hacer que esa persona se sienta mejor o piense de manera más positiva, intenta tomarte un segundo para reflexionar sobre su malestar o su miedo y haz todo lo posible por escuchar”, dice Preston.

Por su parte, Antonio Rodellar dice qué hay que hacer: “Ser consciente de cuál es la situación y la emoción que estás viviendo. No negar que hay algo malo que está ocurriendo, no mirar para otro lado, pero tampoco quedarte estancado en esa emoción negativa. Las emociones son información que tenemos que leer y entender para poder aplicar después una perspectiva constructiva y ver qué aprendizajes podemos extraer y cómo podemos generar un cambio a futuro”.

 

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