REFLEXIONES
POR: LUIS ANGEL REBOLLEDO CHAUX
En mis divagaciones, y en un sentido imaginario o fantasioso me he preguntado si ante la crisis general que vivimos, soportando a la vez varias pandemias entrecruzadas con efectos igualmente dañinos, no sería mejor remontarnos a espacios siderales alejados del descompuesto mundo terrenal en que nos encontramos y ubicar un lugar diferente donde no impere el desequilibrio social traducido en pobreza extrema de algunos sectores y opulencia en otros, creadora de un ambiente de tensión y de violencia incontrolable, donde la inseguridad en alto grado no sea parte de la cotidianidad, arriesgando en todo momento la existencia de muchos seres humanos; donde los niños y las mujeres no sean secuestrados, violados y finalmente sacrificados y esto pareciera entrar dentro de la normalidad; donde la corrupción en el sector público no sea un contubernio con el sector privado para realizar actos que criminalmente desvían la utilización de los dineros públicos, los cuales pasan a manos de particulares o también a realizar acciones con intereses personales por fuera de la ley o debidamente disfrazados; donde los gobernantes y políticos profesionales no utilicen las mentiras o verdades a medias para desfigurar la realidad que vivimos y nos presenten espejismos en un desierto de irregularidades; donde no impere las mafias de la contratación pública aliadas con sectores políticos, nutriéndose de los dineros oficiales para financiar sus campañas; en donde los políticos en vísperas de elecciones no sean los amigos de todos y hagan ofrecimientos desmedidos que saben no cumplirán; donde el narcotráfico, el paramilitarismo y la minería ilegal no sean fuerzas oscuras que pretendan imponer su ley por medio de las armas y el terror sin que las autoridades no puedan o no quieran evitarlo; en donde la credibilidad de la justicia no esté inmersa en un mar de dudas y el respeto a la dignidad de las Altas Cortes no desaparezca; donde la semilla del odio y la violencia no siga inoculándose en la mente de muchos de nuestros conciudadanos y sea utilizada perversamente sin ningún control; donde la paz sea el don más preciado por la comunidad y se le ofrezcan todas las alternativas gubernamentales y sociales para lograrla plenamente y no se le pongan toda clase de obstáculos que parecen indicar que la guerra o la violencia produce beneficios para algunos. Todas estas situaciones anómalas a que me he referido que no son ficticias ni producto de una fantasía negativa, constituyen una realidad innegable, completamente palpable e incontrovertible por quienes quieren hacernos creer que vivimos en el país de las maravillas.
Lo de remontarnos a espacios siderales es una fantasía salida de mis divagaciones y lo he hecho así para resaltar el mensaje de esta reflexión, que no es más que presentar un elemental panorama de los que realmente ocurre en nuestro país y de ninguna manera invitar a que nos alejemos de él; es por el contrario un llamado a tener en cuenta con detenimiento las falencias y desajustes acelerados y que sin un remedio efectivo a la vista van engendrando verdaderas pandemias tan lesivas o más que el COVID, pues debemos combatirlas nosotros mismos sin ayuda o soporte internacional para ello.
Es la vida misma de la institucionalidad y de la sociedad la que progresivamente se va deteriorando si nosotros mismos no descubrimos el antivirus que detenga su marcha incontrolada y destructiva. Ese antídoto solo puede lograrse con el concurso decidido de todas las fuerzas sociales, llámense gremios, asociaciones, sindicatos, juntas comunales, partidos políticos, gobierno, adquiriendo el compromiso serio y decidido de hacer el aporte que les corresponda desde su ubicación gubernamental, política y social, renunciando a privilegios y comprometiéndose a un acatamiento total de la Constitución y la Ley.
Con un gobierno soportado en los postulados de la justicia, la libertad, la equidad y el orden es muy posible que podamos lograr un Estado viable en su integralidad y para obtener una gobernabilidad de esas características debemos conformar una fuerza unificada que haga respetar con decisión los valores ínsitos en una verdadera democracia participativa.
