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REFLEXIONES

POR: LUIS ANGEL REBOLLEDO CHAUX

La reflexión es un ejercicio interior que con el corazón en la mano y la mente abierta nos invita a introducirnos en un análisis de las cosas y situaciones que ocurren en el entorno y con un sano y real discernimiento establecer y sopesar las razones para que ellas se den y poder determinar en nuestro criterio cuales son los caminos más adecuados para su desarrollo positivo.

Reflexionar igualmente es dar un paso adelante en el reconocimiento de nuestros valores y falencias y con base en ello ubicarnos en la propia realidad y en la realidad de los demás, para de esta manera actuar con claridad y sensatez en la solución de la problemática individual y social.

Reflexionar sobre el presente para remontarnos al futuro es algo indispensable, pues solo así podemos tener la seguridad suficiente para enfrentar un panorama incierto, quizá lleno de dificultades o de buenas oportunidades de vida; es algo imprevisto pero que puede ser el reflejo de la forma como asumimos el presente; para entrar en él, se requiere de las experiencias pasadas, solo así estaremos fortalecidos para enfrentar lo desconocido.

Muchas veces en mis momentos de reflexión me he preguntado si Colombia con tantas dificultades entrecruzadas podrá llegar a ser un país viable, mi respuesta temerosa es de que si es posible, siempre y cuando todos unidos con conciencia limpia y decidida comencemos a enfrentar varias de las pandemias diferentes al COVID que afectan a nuestra institucionalidad y a la sociedad en general, con un debilitamiento continuado durante varios años y diferentes gobiernos, cuyos resultados negativos hoy especialmente experimentamos: no podemos ser un país viable mientras la CORRUPCION a todos los niveles, especialmente en las altas esferas de la administración pública, del poder político y económico han convertido esta práctica criminal en algo casi normal y despreocupante para quienes la ejercen.

Lo único que les interesa es encontrar el mecanismo legal o ilegal para disfrazar sus oscuras actuaciones, el cual de todas maneras consiguen a base de complicidad, dádivas, privilegios, compra de conciencias, intimidación e inclusive de muerte.

Se da en diferentes estamentos del Estado y del sector privado, concretándose en procedimientos que definen irregularmente una situación que interesa a una o varias personas naturales o jurídicas. Por lo general la corrupción utilizando medios ilícitos se materializa en el apoderamiento de grandes sumas de dinero que el Estado recauda por impuestos, contribuciones y otros que deben destinarse a obras de proyección social pues es un dinero de todos.

La corrupción administrativa es una de las causas fundamentales de la pobreza, de la inseguridad, del bajo nivel de vida del pueblo colombiano, de la ineficiencia o ineficacia de los servicios públicos, etc. y por otro lado de la riqueza y opulencia de aquellos que permeando al débil control del ente oficial y de los organismos especializados en este campo, le extraen sin ningún remordimiento ingentes recursos públicos.

La viabilidad Institucional tampoco puede persistir en un medio donde la INSEGURIDAD sin distingos de sexo, edad, raza, nacionalidad, etc. se expande sin ninguna barrera por toda nuestra geografía. Pareciera que la seguridad y tranquilidad ciudadana no tuvieran dolientes o unos dolientes a medias que con un estamento débil o con normas permisivas o acomodaticias no han podido estructurar un esquema dinámico y efectivo que garantice un derecho tan fundamental, que si no se protege pone en peligro la vida misma.

En los tiempos actuales la criminalidad se ha desbordado; ya la vida de una persona tiene como valor un celular, una bicicleta, una cartera de mujer o cualquier otro elemento que conforma lo más elemental a que puede aspirar un ser humano para su trabajo y para su bienestar.

Se violan y secuestran niños en las calles, en los colegios y aún en las mismas Instituciones encargadas de protegerlos; la violencia contra la mujer está inmersa en una ola incontenible que cada día eclosiona dolorosamente sin que se haya podido hacer mucho por detenerla, dando con ello un gran paso a la inviabilidad de un país que impotente anhela presentarnos un panorama diferente, que solo podrá lograrse con el concurso de todos.

Colombia desafortunadamente es en Suramérica uno de los principales focos de cultivos ilícitos como la coca, la marihuana y la amapola e igualmente del procesamiento y mercadeo de sus derivados.

Esta actividad agrícola y su industrialización ha dado origen al denominado NARCOTRAFICO, nefasta actividad para la seguridad y vialidad del Estado, pues la violencia desatada por la ocupación forzada de tierras, por el desplazamiento de pequeños propietarios, por la guerra interna entre carteles de la droga buscando el dominio territorial con las consecuenciales víctimas no ha permitido ninguna normalidad en los territorios afectados.

Se ha creado por el contrario una economía generadora de grandes ingresos que llenan las arcas de aquellos que están inmersos en el ilegal negocio, acrecentando el desequilibrio económico entre ese mundo subterráneo y quienes no hacen parte de él, lo cual afecta desde luego las finanzas del Estado, pues nada le aportan.

La minería ilegal es otro de las plagas que lesiona la estabilidad de nuestra institucionalidad. Hordas de gentes sin escrúpulos invaden en forma incontrolada las cuencas de nuestros ríos o zonas con posibilidades de explotación de recursos minerales apetecidos internacionalmente como materia prima, cuya transformación da origen a productos elaborados de un gran valor comercial.

Esta actividad también ha provocado una guerra propia con muchas muertes e inseguridad, lesionando de la misma manera sectores muy pobres cuyos habitantes son explotados como esclavos.

Al igual que el narcotráfico esta actividad evade impuestos, induce a la corrupción administrativa y conlleva a enfrentamientos sangrientos entre las partes interesadas y con las autoridades que tratan de controlarla y sobre todo causando graves afectaciones ecológicas, muchas de ellas irreversibles y destructoras de nuestro ecosistema.

Estas pandemias como yo las llamo, desde hace muchos años han venido inoculando en la estructura del Estado y en las mentes perversas de algunos seres sin escrúpulos al virus maligno de la corrupción en sus diferentes manifestaciones, sin que se hay encontrado el antivirus o antídoto que las extermine o que por lo menos ejerza un control efectivo sobre las mismas.

Quizá en un futuro no muy lejano podamos gozar de un sistema que con sapiencia y sin ataduras, nos permita disfrutar de un clima de paz y tranquilidad, guiado siempre por los postulados de la justicia, la libertad, la equidad y el orden.

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