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Semana Santa en Popayán Patrimonio Cultural Inmaterial de la Humanidad por la Unesco

Celebradas desde la época colonial, las procesiones de Semana Santa de la ciudad de Popayán son una de las más antiguas conmemoraciones tradicionales de toda Colombia.

Desde el martes hasta el sábado anterior a la Pascua de Resurrección tienen lugar, entre las 20 y las 23 horas, cinco procesiones dedicadas respectivamente a la Virgen María, Jesucristo, la Santa Cruz, el Santo Entierro y la Resurrección, que recorren un itinerario de unos dos kilómetros por el centro de la ciudad.

Los elementos centrales de las procesiones son los pasos, imágenes representativas de la Pasión de Cristo, creadas y agrupadas con arreglo a normas complejas, que se hacen desfilar con una rica ornamentación floral. Las estatuas de los pasos, que son de madera y datan su mayoría de finales del siglo XVII, son acompañadas en su recorrido por hileras de fieles portadores de cirios y vestidos con hábitos religiosos.

Son notables tanto la calidad artística de los dorados y la ebanistería de los pasos como la atmósfera sonora y olfativa (incienso) de las procesiones. Los preparativos de éstas duran todo el año y se efectúan ajustándose a normas que vienen transmitiéndose de generación en generación y se enseñan a los niños desde la edad de cinco años.

Las procesiones han generado un vocabulario y competencias específicas. Las funciones y responsabilidades de cada uno de los participantes se definen y distribuyen con precisión.

La organización de las procesiones corre a cargo de vecinos de la ciudad, miembros de una Junta Permanente pro-Semana Santa, que cooperan con las autoridades municipales y diversos organismos.

Estas procesiones no sólo atraen a un número considerable de visitantes del mundo entero, sino que además constituyen un factor importante de cohesión social y de reforzamiento del sentido colectivo de identidad de la población local.

En ella desfilan imágenes de madera talladas en distintas escuelas artísticas del mundo. Entre las que se destacan: Sevilla, Granada, Andalucía, Valladolid, Perú, Quito, Italia, Francia y Popayán.

Las efigies desfilan sobre andas o muebles con características especiales, conformadas por plataformas de madera con barrotes cargables que permiten representar los diferentes episodios narrados en los Evangelios, relativos a la pasión, Crucifixión, Muerte y Resurrección de Jesucristo.

Cada representación es llamada “paso” y es llevado sobre los hombros de los denominados cargueros por las calles, en un recorrido trazado desde el siglo XVI en forma de cruz latina, con un recorrido de 2 km que incluye las principales iglesias y templos del centro histórico de la ciudad. Estos desfiles tienen como hora de partida las 20:00hs (lunes a Viernes Santo) y las 21:00hs (sábado santo) con una duración cada uno de 4 horas aproximadamente.

Alrededor de esta festividad se congrega toda la comunidad, sin distingo alguno, se realizan diferentes eventos religiosos, culturales y artísticos como el Festival de Música Religiosa. Todo en la Semana Santa de Popayán tiene una simbología y un sentido.

Con la conquista española llegó la evangelización, y con ella, las fiestas religiosas en honor a los santos de la iglesia. Esta labor se comenzó de inmediato. Según el presbítero e historiador Manuel A. Bueno, la primera vez que se dio culto a Dios fue el 15 de agosto de 1537, día de La Asunción a pocos meses de la fundación de Popayán, en una capilla pajiza, cuya ubicación exacta se desconoce, pero se cree que se levantó en el sector de Tulcán, en donde los ibéricos encontraron una pequeña población indígena a la que sacaron de sus viviendas para asentarse allí. Acerca del sitio en donde se efectuó la fundación de la ciudad y se comenzó a poblar, hay distintas versiones. Unos historiadores señalan que fue en las faldas del Cerro de La Eme o de las tres Cruces. Otros en cambio sostienen que fue en la plaza principal.

La imposición de la religión católica fue el propósito primordial de los conquistadores, que llegaron acompañados de sacerdotes evangelizadores. Cada poblado fundado se consagraba a un santo patrono. En torno a esas celebraciones congregaban a los nativos, en quienes se inculcaba la fe religiosa. Una de las experiencias de esa devoción eran las procesiones presididas por el clero.

Con Información de Naciones Unidas.

 

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