«Sueño con ser el primer astronauta español en pisar la Luna, ¿por qué no?»

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Desde hacía días resonaba en el mundillo aeroespacial un rumor sorprendente y esperanzador a partes iguales. Algo que no se escuchaba desde hacía tres décadas. Un español (o española) podía estar entre los elegidos para formar parte de la nueva generación de astronautas de la Agencia Espacial Europea (ESA). La misma que llevó a Pedro Duque a la Estación Espacial Internacional (ISS) y que ahora no quiere quedarse rezagada en la nueva carrera espacial. La sorpresa llegaba cuando se nombraba no a uno, sino a dos astronautas españoles. Quédense con sus nombres, porque los oirán mucho de ahora en adelante: Pablo Álvarez Fernández y Sara García Alonso.

El primero, elegido como astronauta «de carrera» (es decir, en plantilla de la ESA, por lo que tendrá que dejar su actual trabajo en Airbus), se empezó a plantear lo de ser astronauta en serio en 2014, mientras revisaba los requisitos de la ESA para este cargo. «Sin embargo, se pedía un físico perfecto, y yo tengo una pequeña discapacidad en un tobillo, así que pensé que estaba fuera», explicaba ayer en una rueda de prensa online con los periodistas tras el anuncio, llevado a cabo en París, donde se ha celebrado el Consejo Interministerial de la ESA (en el que los estados miembros deciden el futuro de la agencia, y en el que se ha acordado un presupuesto de 16.900 millones de euros para los próximos cinco años). Fernández relató que cuando vio que la agencia espacial abría la convocatoria a personas con alguna discapacidad física, pensó que era su momento. «Pero unas horas antes del anuncio oficial me enteré de que, finalmente, soy un astronauta de carrera y que el programa del primer parastronauta se llevará a cabo con el británico John McFall, un compañero increíble. Ha sido toda una sorpresa».

El primer parastronauta, un atleta británico que perdió una pierna en un accidente
Cuando tenía 19 años, el británico John McFall sufrió un accidente de motocicleta que cambiaría su vida. Perdió su pierna derecha. Pero no acabó con su fuerza de voluntad. No solo aprendió a correr nuevamente, sino que se convirtió en un atleta. Representó a Gran Bretaña e Irlanda del Norte como velocista paralímpico e incluso ganó la medalla de bronce en los 100 metros en los Juegos de Pekín 2008. Ahora, ha sido elegido como el primer parastronauta de la Agencia Espacial Europea (ESA), un programa pionero que pretende eliminar barreras para que personas con alguna discapacidad física puedan participar en misiones en el espacio. McFall, de 41 años, es especialista en traumatología y ortopedia y trabaja en el sur de Inglaterra. «Estoy orgulloso de mí mismo por haber superado el proceso de selección. Ha sido una experiencia vertiginosa», dijo tras ser presentado como astronauta, algo que «por la amputación, nunca pensó que fuera posible». El médico ayudará a los ingenieros a diseñar los cambios en el hardware necesarios para abrir los vuelos espaciales profesionales a un grupo más amplio de candidatos calificados. «El mensaje que daría a las generaciones futuras es que la ciencia es para todos y los viajes espaciales también pueden serlo», señaló. «Todos tienen capacidades increíbles», indicó sobre los seleccionados Josef Aschbacher, director general de la ESA. En este caso está más que demostrado.

Mudanza a Alemania
Él, junto con el británico McFall, su paisana, la astrónoma Rosemary Coogan, la piloto de pruebas francesa Sophie Adenot, el neurocientífico belga Raphaël Liégeois y el anestesiólogo suizo Marco Sieber son los seis elegidos de entre más de 22.500 candidatos (1.300 de ellos españoles). En abril, todos ellos se mudarán a Alemania, donde empezarán a prepararse en el Centro Europeo de Astronautas en Colonia. «A partir de ahí me quedan al menos tres años de formación y, después, si tengo suerte, volaré a la ISS», explicaba Álvarez. A la pregunta de si sueña con participar en Artemis, el nuevo programa para llevar astronautas a la Luna de la NASA y en el que la ESA tiene reservados tres asientos en pago a su participación, su respuesta destilaba esperanza tras un día de sorpresas: «Después de todo lo que nos ha pasado, ¿por qué no soñar con ser el primer español en pisarla?».

De momento, Álvarez solo piensa en comenzar la formación, si bien él y García Alonso son los aspirantes con más papeletas a convertirse en el tercer y cuarto astronauta de origen español (antes de Duque voló a la ISS Michael López-Alegría, quien repitió la gesta con su propia empresa hace unos meses) en volar al espacio.

El ingeniero cuyo trabajo viajará a Marte
Por la noche, Pablo Álvarez Fernández (1988) solía mirar las estrellas desde su pequeño pueblo leonés, en el que pasaba los veranos. Por aquel entonces no imaginaba que su futuro estaría tan ligado a ellas. Cursó Ingeniería Aeronáutica en la Universidad de León, al igual que su compañera García Alonso. Después hizo un máster en Ingeniería Aeroespacial en la Universidad Tecnológica de Varsovia (Politechnika Warszawska) en 2011. Ha trabajado para empresas como Airbus y Safran en países como España, Reino Unido y Francia. Entre 2017 y 2020 estuvo involucrado en la misión ExoMars, el primer rover europeo que viajará a Marte. Él era el encargado de la integración de la unidad calefactora de radioisótopos, un instrumento creado entre la agencia espacial rusa Roscosmos y la ESA. Junto a su lengua materna, el español, Pablo habla inglés, polaco y francés con fluidez.

Aunque el caso de Sara García Alonso es diferente: ella ha sido elegida dentro del grupo de los once astronautas suplentes, por lo que no dejará su trabajo en el Centro Nacional de Investigaciones Oncológicas (CNIO) en el grupo del reputado científico Mariano Barbacid. «Es una investigadora súper competente y ha hecho un trabajo muy interesante en el tiempo que lleva en mi laboratorio», aseguró a ABC Barbacid tras conocer la noticia. «Me alegro muchísimo, porque me encanta mi trabajo», señalaba por su parte García Alonso.

Aun así, tendrá que pasar exámenes médicos y una formación específica cada año, además de estar disponible para misiones que puedan requerir de sus capacidades, a priori alejadas del sector aeroespacial. «De pequeña, se me pasó por la cabeza, como a todos los niños, ser astronauta; pero no fue hasta que salió la oferta cuando me lo planteé en serio. Ser astronauta no es solo subirte a un cohete, es mucho más: es investigar, divulgar ciencia, crear inquietudes en las próximas generaciones; todo en un ambiente aventurero y multicultural. Creo que todo eso es lo que han visto en mí y lo que me hizo darme cuenta de que era el trabajo de mi vida».

Una carrera ligada a la lucha contra el cáncer
Nació en León en 1989 y de pequeña, confiesa, fantaseó con ser astronauta. Sin embargo, los pasos de Sara García Alonso se dirigieron hacia la Biotecnología, carrera de la que se licenció en la Universidad de León en 2012. Al año siguiente estudió un máster en Investigación Biomédica y Biológica en el mismo centro. Una carrera más que sobresaliente, pues fue galardonada con dos premios diferentes por su excelencia académica. En 2018, consiguió el doctorado ‘cum laude’ en Biología Nuclear del Cáncer y Medicina Traslacional de la Universidad de Salamanca. Desde 2019, es investigadora en el Centro Nacional de Investigaciones Oncológicas (CNIO) y lidera un proyecto sobre oncología experimental y descubrimiento de fármacos. Le gusta el buceo, practica la defensa personal, paracaidismo y trabaja como entrenadora personal.

Exámenes de 11 horas
Atrás quedan maratonianos exámenes de diez u once horas con contenidos que iban desde idiomas a orientación espacial, test psicológicos, pruebas psicométricas y prácticas, selección médica y dos rondas de entrevistas. «Esos días acabas muy cansado», decía Álvarez mientras García Alonso asentía a su lado. «Pero en ningún momento te planteas rendirte. Eres un afortunado por haber llegado hasta ahí. Estamos muy contentos y orgullosos, pero también sentimos mucha humildad». Todos los candidatos, sin distinciones, tenían que ser ciudadanos europeos con un grado y tres años de experiencia en áreas como Ciencias Naturales, Medicina, Ingeniería, Matemáticas o Ciencias de la Computación. También valía ser pilotos experimentados. Además, se requería hablar inglés con fluidez y se valoró el conocimiento de otros idiomas.

Los dos, que estuvieron acompañados en la rueda de prensa por la ministra de Ciencia, Diana Morant, explicaron que, aunque hayan sido solo ellos los elegidos, entre los candidatos españoles se ha creado una camaradería que no se acabará con las pruebas. «Ya existen colaboraciones en marcha y podemos esperar grandes cosas para el futuro», indicaba Álvarez.

Ambos, que por casualidad son leoneses y estudiaron en la misma universidad, explicaban que sus familias les apoyaron desde el principio. «Cuando te metes en algo así, es un poco como comprar la lotería, tienes las mismas probabilidades –afirmaba García Alonso–. Pero entonces empiezas a pasar pruebas, y empiezan a preocuparse». «Es difícil para cualquier padre o madre imaginar a su hijo montado en la punta de un cohete de camino al espacio», apuntalaba por su parte Álvarez. «Aun así, sin ellos esto no habría sido posible».

Tomado de: https://www.abc.es/ciencia/sueno-primer-astronauta-espanol-pisar-luna-20221123202643-nt.html

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