A los pies del Himalaya La tribu donde el matrimonio no existe y solo gobiernan las mujeres

En el Tíbet, en la tribu Mosuo, ellas tienen todo el poder. No saben qué es un divorcio ni quién es el padre de los chicos.

La tribu Mosuo vive en una suerte de Edén terrestre, en medio de la exuberante vegetación del pueblo Yunnan, al pie del Himalaya. La vida económica gira alrededor de la agricultura, y las actividades están divididas en torno a lo que podrían denominarse los roles “tradicionales” de cada género: mientras los hombres cumplen con las tareas de arado y la construcción de las casas, las mujeres son las encargadas de cocinar y limpiar, además de ser las responsables de la crianza de los hijos.
Pero cualquier viso de tradición occidental se acaba en la mera apariencia, ya que la de los Mosuo es una sociedad matriarcal, donde el poder reside absolutamente en las mujeres, y los hombres son considerados poco más que dadores de esperma.

Si bien los Mosuo son una antigua comunidad tribal alineada con los principios del budismo, su forma de vida se ajusta a ideas y debates de candente actualidad: las mujeres son consideradas iguales, y hasta tal vez superiores, a los hombres; son libres de tener todas las parejas sexuales que quieran y la herencia se pasa de mujer en mujer.

Todas las mujeres de la tribu Mosuo son consideradas “solteras”, y pueden establecer vínculos con cuantos hombres deseen.
Pero paradójicamente, la pacífica vida de los Mosuo puede estar empezando a exhibir signos de desgaste. Las miembros más jóvenes están empezado a optar por arreglos más convencionales, y el debate respecto a si este modo de vida sobrevivirá por mucho tiempo más parece estar tomando cuerpo en el seno de la sociedad.
¿Cambios en el horizonte?
Los Mosuo son un tema de estudio para diversas ramas de las Ciencias Sociales desde hace numerosos años, pero los detalles de cómo funciona su sociedad están recién ahora empezando a ser conocidos por el público en general. Gran parte de esto se debe al libro La tribu de las mujeres, que fue publicada en 2017 luego de que su autora, Choo Waihong, se pasara siete años viviendo con la tribu para documentar las ideas que la sostienen, y cómo era su día a día.

Tapa del libro La tribu de las mujeres, el libro escrito por Choo Waihong.
“Crecí en un mundo dominado por los hombres. Mi padre, que era la quintaesencia del hombre dentro de una sociedad patriarcal china en Singapur, y yo nos peleamos mucho. Y tampoco encontré mi lugar en el trabajo, donde todas las reglas apuntaban a favorecer a los hombres. Fui una feminista toda mi vida, y el hecho de encontrar a las Mosuo, que han colocado lo femenino en el centro de la sociedad, fue inspirador”, comentó Waihong en una entrevista con el medio británico The Guardian.
Waihong trabajó como abogada hasta 2006, cuando decidió dejar atrás la vida corporativa y empezar a viajar. Su plan original era conocer el pueblo de China del cual había emigrado su abuelo, pero decidió seguir viajando por el país, y así fue que conoció a las Mosuo. Fascinada por lo que había hallado, se pasaría los próximos años viviendo seis meses del año viviendo entre ellos.
Desde la perspectiva de un extranjero, las Mosuo son una sociedad de madres solteras, sólo que en ellas no existe estigma en torno al concepto. Los hijos son considerados como descendientes solamente de las madres, y son criados lejos de sus padres, por sus familias extendidas, como ser tíos, abuelos y primos. El aporte paterno es considerado no mucho más que una necesidad biológica.

La llegada masiva del turismo está provocando un cisma entre las mujeres de distintas generaciones de la tribu Mosuo.
Las relaciones de pareja existen, sólo que siguen un modelo diferente al occidental. Son llamados “matrimonios ambulantes”, y esencialmente se trata de arreglos hechos entre hombres y mujeres, que pueden ser pasajeros, o estirarse en el tiempo.
Hasta que el amor se acabe
No importa si duran un mes o varios años, no conviven y no existe la idea de ceremonias donde las partes se comprometen con el otro. De esta manera, los vínculos se extienden hasta que el amor se acabe. A la hora de quedar embarazada, pueden recurrir a un hombre con el que tienen una relación, u optar por otro.
Los hombres, por su parte, no tienen problemas en llevar adelante tareas domésticas. Los hermanos cuidan de sus hermanas menores sin problemas ni protestas, y los tíos saben que ayudar en la crianza de sus sobrinos es una de sus tareas centrales.
A pesar de lo progresista que esta disposición parece, el rol de la maternidad sigue siendo el único destino posible para las mujeres, y el único objetivo al que aspiran. Según Waihong, el caso de que una mujer no pueda quedar embarazada, terminará adoptando hijos de sus parientes cercanos, a los cuales criará como propios, y vivirá una vida esencialmente doméstica. “Esto no es algo inusual para una joven mujer Mosuo, pero es frustrante cuando uno ve todo lo que podrían hacer”, comenta Waihong.
La aparición masiva del turismo chino, que comenzó en la década del 90, podría estar cambiando las cosas para las generaciones más jóvenes. Al entrar en contacto con otras personas y costumbres, además de las mejoras en infraestructura y oportunidades laborales, ven ampliarse los horizontes de sus posibilidades y cuestionan el modo de vida ancestral que llevan.
Ladzu, una joven de 22 años que se ha convertido en una suerte de ahijada de Waihong, es un ejemplo de esto. A diferencia de su madre y abuela, vive en una casa con su marido y su hijo.
Al igual que China, la sociedad de los Mosuo está en un estado de transición. Waihong es optimista, y piensa que el feminismo combativo que está en alza en China puede aprender algunas cosas del modo de vida de la tribu, primordialmente cómo llevar con orgullo el rótulo de “soltera”.
Por otro lado, algunas fuentes consultadas por la autora estiman que a los Mosuo no les quedan más de 30 años, y se lamentan que los miembros mujeres más jóvenes que desean uniones más tradicionales pueden llegar a arrepentirse, y a darse cuenta de que sus ancestros, que inventaron una forma de vida donde lo femenino era la fuerza dominante, tuvieran razón después de todo.

Texto y foto de Clarín

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