Confirmado: el megalodón fue el mayor depredador de todos los tiempos

Si hay animales que puedan presumir de ‘antiguos’ sobre la faz de la Tierra, esos son los tiburones . Llevan, en efecto, más de 400 millones de años patrullando los océanos de nuestro planeta, en el que viven desde mucho antes de que surgieran los primeros dinosaurios . Han sobrevivido a varias extinciones masivas y aún en la actualidad prosperan en nuestros mares. Y a pesar de que existen muchas especies diferentes, los tiburones, en esencia, apenas si han cambiado en todo este tiempo. Si nos cruzáramos con un ejemplar, digamos que de hace 300 millones de años, no tendríamos ningún problema en reconocerlo, ya que los tiburones actuales aún conservan la mayor parte de sus características originales. Algo que no puede decir la inmensa mayoría del resto de los seres vivientes.

Pero entre todos los tiburones que alguna vez han existido, sin duda hay uno que llama poderosamente nuestra atención. Se trata del megalodón , el pez más grande conocido por la ciencia y el mayor depredador que nunca haya existido en nuestro planeta.

Presente en nuestros océanos hasta hace unos tres millones de años, su tamaño exacto es una cuestión que está aún sujeta a debate, aunque hay buenas razones para pensar que el megalodón pudo haber llegado a medir entre 15 y 18 metros de largo, más de tres veces que los tiburones blancos actuales. Sus mandíbulas se abrían de tal forma que un ser humano habría cabido de pie sin problema en su enorme boca abierta.

En la cima de la cadena trófica
Y ahora, de la mano de un equipo de paleontólogos de la Universidad de Princeton, nos llegan nuevos datos sobre este auténtico rey de los mares. El megalodón no tenía rival, y comía lo que quería, incluidos otros depredadores marinos y otros megalodones. Los resultados de este estudio, publicados en ‘Science Advances’ , indican que este antiguo tiburón fue un depredador que no tiene comparación en toda la historia de la Tierra.

«Estamos acostumbrados a pensar en las especies más grandes (ballenas azules, tiburones ballena, elefantes y diplodocus) como filtradores o herbívoros, no como depredadores – dice la geocientífica Emma Kast , de la Universidad de Cambridge y primera firmante del artículo. Pero el megalodón y otros tiburones mega dentados eran realmente enormes carnívoros que se comían a otros depredadores, y ‘Meg’ se extinguió hace solo unos pocos millones de años».

«Si megalodon existiera en los océanos modernos -afirma por su parte Danny Sigman , profesor de ciencias geológicas y geofísicas en Princeton y autor principal del estudio-, cambiaría por completo la interacción de los humanos con el medio ambiente marino».

Kast y Sigman descubrieron pruebas concluyentes de que tanto el megalodón como sus antepasados ocuparon el peldaño (o el nivel trófico) más alto de la cadena alimentaria prehistórica. De hecho, su ‘firma trófica’ es tan alta que los investigadores están convencidos de que el megalodón debió haberse comido a otros depredadores, y a depredadores de depredadores, en una red trófica realmente complicada. Hay incluso evidencia de canibalismo tanto en tiburones mega dentados como en otros depredadores marinos prehistóricos.

La larga cadena oceánica
«La cadena alimenticia en el océano -explica Kast- tiende a ser más larga que la de los animales terrestres (hierba-ciervo-lobo), porque se empieza con organismos muy pequeños. Para alcanzar los niveles tróficos que estamos midiendo en estos tiburones mega dentados, no solo necesitamos agregar un nivel trófico, es decir, un único depredador en la cima de la cadena alimentaria marina. En la red alimentaria marina moderna, necesitamos agregar varios».

Para llegar a estas conclusiones, los investigadores utilizaron una nueva técnica para medir los isótopos de nitrógeno en dientes de megalodón fosilizados. La regla general es que cuanto más nitrógeno-15 haya en un organismo, mayor será su nivel trófico. Pero esta es la primera vez que se miden las diminutas cantidades de nitrógeno conservadas en estos dientes prehistóricos.

«Tenemos una serie de dientes de tiburón de diferentes períodos de tiempo -afirma Zixuan C. Rao , coautor del estudio- y pudimos rastrear su nivel trófico en comparación con su tamaño».

EL método de los isótopos de nitrógeno
A veces, las redes alimentarias prehistóricas se pueden medir a través de marcas de mordeduras en huesos fosilizados, pero tal evidencia es escasa para los tiburones extintos. El novedoso método de isótopos de nitrógeno, sin embargo, ayuda a pintar una imagen de un antiguo mundo de peces que se comen a otros peces. «El objetivo de mi equipo de investigación es buscar materia orgánica químicamente fresca, pero físicamente protegida, incluido el nitrógeno, en organismos del pasado geológico distante», dice Sigman.

Los organismos que se encuentran en la parte inferior de la red alimentaria, como las plantas y las algas, absorben nitrógeno del aire o del agua. Cuando otras especies los comen, la especie depredadora incorpora ese nitrógeno a sus propios cuerpos. Y si bien es cierto que parte de ese nitrógeno después regresa al mar con las heces, se excreta una mayor cantidad del isótopo más ligero del nitrógeno, N-14 (a veces en la orina) que del N-15 más pesado.

Por lo tanto, N-15 se acumula en el organismo en relación con N-14 a medida que sube en el nivel trófico.

Sin embargo, hay un problema. Si bien resulta relativamente fácil medir los niveles de nitrógeno en animales de hasta 15.000 años de antigüedad, la falta de tejidos blandos bien preservados en especies más viejas ha hecho que medir el nitrógeno sea una tarea casi imposible. Hasta ahora. Afortunadamente, los investigadores se han dado cuenta de que pueden recurrir a otro tipo de restos: los dientes.

De hecho, los dientes se conservan mucho más fácilmente porque están revestidos de un esmalte duro como una roca que actúa como una barrera para las bacterias en descomposición. Y los tiburones tienen muchos dientes que se reemplazan constantemente.

«Los dientes -explica Sigman- están diseñados para ser química y físicamente resistentes, poder sobrevivir en el ambiente químicamente reactivo de la boca y romper los alimentos que pueden tener partes duras. Cuando miras en el registro geológico, uno de los tipos de fósiles más abundantes son los dientes de tiburón. Y dentro de los dientes, hay una pequeña cantidad de materia orgánica que se usó para construir el esmalte y que ahora está atrapada dentro de ese esmalte».

Sigman y sus colaboradores han perfeccionado un método para medir pequeñas cantidades de nitrógeno en una fina capa de esmalte de los dientes de tiburones extintos hace millones de años y obtener así las proporciones de sus isótopos. De este modo, tras perforar los dientes, los productos químicos de limpieza y los microbios convierten el nitrógeno del esmalte en óxido nitroso, haciendo posible leer la proporción. Un método laborioso y que Sigman ha tardado toda una década en poner a punto, pero que ahora permite medir incluso cantidades mínimas de nitrógeno.

Los investigadores empezaron a usar esta técnica con microfósiles hallados en sedimentos. A partir de ahí, pasaron a los corales fósiles, los huesos de los oídos de los peces y finalmente a los dientes de los tiburones. «Ahora -dice Sigman- tanto nosotros como nuestros colaboradores estamos aplicando esto a los dientes de mamíferos y dinosaurios».

«Nuestra herramienta -asegura Kast- tiene el potencial de descifrar redes alimenticias antiguas; lo que necesitamos ahora son muestras. Me encantaría encontrar un museo u otro archivo con una instantánea de un ecosistema, una colección de diferentes tipos de fósiles de un tiempo y un lugar, desde foraminíferos cerca de la base misma de la cadena alimenticia hasta otolitos (huesos del oído interno) de diferentes tipos de peces, hasta dientes de mamíferos marinos, además de dientes de tiburón. Podríamos hacer el mismo análisis de isótopos de nitrógeno y armar toda la historia de un ecosistema antiguo».

Tomado de:

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