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El Gobierno del Cambio presenta este martes la Política Nacional de Drogas 2023- 2033 ‘Sembrando vida, desterramos el narcotráfico’, que prioriza la salud pública, la garantía de los derechos humanos y las libertades de las personas.

La Lotería del Cauca y La Noticia de Colombia

El nuevo enfoque es presentado este martes por el Gobierno del presidente Gustavo Petro Urrego en El Tambo (Cauca), uno de los municipios del país con mayor área de cultivos de uso ilegal. El acto tendrá lugar en la vereda El Tablón.

La estrategia da prioridad al cuidado de la vida y del ambiente, poniendo en primer lugar los derechos humanos, la salud pública y el fortalecimiento de la paz, y en su formulación participaron, por primera vez en la historia de Colombia, las comunidades y los territorios directamente afectados por el tráfico ilícito de drogas.

Para ello, el Ministerio de Justicia realizó 27 espacios territoriales en 16 departamentos y Bogotá, 51 mesas técnicas bilaterales, tres sesiones con aliados estratégicos, cinco con sectores de la Comisión Mixta de Coordinación y Seguimiento y tres espacios con sectores específicos: mujeres, jóvenes y prevención.

El objetivo de este proyecto es reducir a casi la mitad la producción de cocaína en el país, afectar las finanzas ilícitas, reducir la deforestación anual y bajar sustancialmente las emisiones de CO2 a la atmosfera, apoyándose en dos pilares principales: Oxígeno, dirigido a los territorios, las personas y los ecosistemas afectados por el mercado de drogas ilegales; y Asfixia, enfocado a las estructuras criminales que generan violencia y se lucran en mayor proporción de esta economía ilícita.

En escenarios mundiales
La nueva política ha sido presentada y recibido apoyo en diversos foros y escenarios, entre ellos las Naciones Unidas, la Unión Europea y Estados Unidos.

El mandatario habló el 19 de septiembre en la 78ª Asamblea General de las Naciones Unidas y dijo que “por detener a campesinos cultivadores de cannabis y hoja de coca, en vez de enfrentar la soledad en que viven las juventudes de sus propios países, los países del mayor poder económico y militar de la historia de la humanidad, entonces han pasado a las drogas de la muerte: al fentanilo”.

El pasado 15 de septiembre, el presidente de EE.UU., Joe Biden, anunció que “con nuestros socios clave en Suramérica, Estados Unidos continuará apoyando los esfuerzos en curso para reducir los cultivos de hoja de coca y la producción de cocaína, expandir el acceso a la justicia y promover medios de vida alternativos” y agregó que “Colombia históricamente ha sido un aliado fuerte en la lucha contra el narcotráfico”.

Pocos días antes, el subsecretario de Estado​ para Asuntos de Narcotráfico Internacional de Estados Unidos, Todd Robinson, recordó durante una audiencia ante el Subcomité para el Hemisferio Occidental de la Comisión de Relaciones Exteriores del Senado estadounidense, que “tradicionalmente Estados Unidos y Colombia han tenido una excelente relación en seguridad; esa relación todavía continúa”.

“El nuevo gobierno de Petro quiere ir en una dirección diferente en temas como la erradicación”, destacó.

Cambiar el paradigma
El tema tuvo eco en la Conferencia Latinoamericana y del Caribe sobre Drog?as ‘Para la vida, la paz y el desarrollo’, que se realizó durante tres días en Cali y concluyó el 9 de septiembre.

Los presidentes de Colombia, Gustavo Petro, y de México, Andrés Manuel López Obrador, lideraron la conferencia, y coincidieron en pedir una sola voz latinoamericana frente a las drogas.

En la declaración final, los países participantes en el encuentro pidieron contrarrestar de manera integral las consecuencias del problema mundial de las drogas, cambiar el paradigma reconociendo el fracaso de la guerra contra las drogas y promover una Alianza Latinoamericana Antinarcóticos.

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