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El sueño de Porcicauca que transforma al Cauca desde el campo

Gustavo Adolfo Ángulo Mogrovejo cambió los escritorios de una entidad financiera por el barro de las granjas y el cuidado de los animales. Oriundo del Patía, asegura que su pasión por los cerdos fue más fuerte que la seguridad de un salario fijo. Esa decisión lo llevó, junto a dos amigos, a fundar Porcicauca, una empresa que nació de un encuentro casual en un café y hoy se ha convertido en referente para la producción de lechones de alta genética en el departamento.

Uno de esos amigos es Julián Ibarra, quien no solo ha acompañado a Gustavo desde el inicio, sino que también se ha convertido en uno de los líderes clave de la empresa. Su trabajo ha sido decisivo para consolidar el proyecto, aportar nuevas ideas y sostener el crecimiento que hoy posiciona a Porcicauca como una apuesta sólida para la porcicultura regional.

La iniciativa comenzó de manera modesta, con apenas ocho cerdas en una finca del Patía. El clima extremo del municipio se convirtió en un reto que los obligó a buscar mejores condiciones. Fue en la vereda Santa Elena donde hallaron el terreno ideal: un clima templado que aumentó la productividad y permitió el crecimiento del proyecto. Hoy cuentan con 60 cerdas reproductoras y un plan de expansión que busca cerrar el ciclo productivo con ceba y, en un futuro, abrir carnicerías propias.

El trabajo en Porcicauca va más allá de la producción. Gustavo recuerda con claridad los temores iniciales: dejar un empleo seguro para cargar bultos, llevar registros sanitarios y enfrentar las dificultades propias de emprender. Sin embargo, cada parto atendido y cada mejora en la genética porcina ratificaron que la apuesta no era un capricho, sino un proyecto de vida. “Estar acá me ha aliviado el alma, todos los días me levanto con ganas de seguir construyendo este sueño”, afirma.

La empresa busca ofrecer rentabilidad a los porcicultores de la región, pero también abrir espacios de empleo en la comunidad. Con la construcción de nuevas áreas de gestación y lactancia, esperan ampliar su capacidad y generar más oportunidades locales. La visión de sus fundadores es clara: que la porcicultura en el Cauca deje de ser una práctica de supervivencia y se convierta en un motor económico basado en genética mejorada y productividad sostenible.

El mensaje de Gustavo a quienes piensan en emprender es directo: “Si no lo intentan, ya están perdiendo”. Su historia, junto a la de Julián Ibarra y otros compañeros de Porcicauca, demuestra que en medio de las dificultades del campo también se puede construir futuro con disciplina, conocimiento y amor por los animales.

 

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