Las claves de los dinosaurios para sobrevivir al ‘apocalipsis’: plumas y adaptación al frío

La historia de cómo los dinosaurios desaparecieron hace 66 millones de años es bastante famosa: un meteorito gigante se estrelló contra la Tierra, y el polvo y los escombros ‘asfixiaron’ la atmósfera, produciéndose un invierno global. Pero mucho tiempo antes, concretamente hace 202 millones de años, se produjo una extinción menos conocida, aunque mucho más misteriosa, que acabó con los grandes reptiles y aupó a los dinosaurios como grandes reyes del mundo. Las causas concretas que explican este relevo aún no están del todo claras. Un nuevo estudio, publicado en la revista ‘ Science Advances’, arroja algo de luz sobre el asunto: la adaptación al frío de los dinosaurios, entre otras cosas por sus plumas, fue la clave de su supervivencia.

Hace 202 millones de años, durante el Triásico, y después de la gran extinción, a principios del periodo conocido como el Jurásico, la Tierra era, en general, un lugar cálido y húmedo. Sin embargo, el hallazgo de unas huellas junto a restos de roca que solo habrían podido ser depositados por el hielo confirman con pruebas físicas que los dinosaurios del Triásico, entonces un grupo menor relegado en gran medida a las regiones polares, soportaban de forma regular condiciones de congelación. Es por ello que autores del estudio sostienen que, durante la extinción del Triásico-Jurásico, las olas de frío que ya estaban ocurriendo en los polos se extendieron a latitudes más bajas, matando a los reptiles de sangre fría. Los dinosaurios, ya adaptados, sobrevivieron al cuello de botella evolutivo y, después, se dispersaron por todo el mundo.

«Los dinosaurios estuvieron en las zonas más frías durante el Triásico», afirma Paul Olsen, geólogo del Observatorio Lamont-Doherty, de la Universidad de Columbia y autor principal del estudio. «La clave de su eventual dominio fue muy simple: eran animales adaptados al frío. Cuando bajaron las temperaturas por todo el mundo, ellos estaban listos y otros animales no».

Se cree que los dinosaurios aparecieron por primera vez durante el Período Triásico en latitudes templadas del sur hace unos 231 millones de años, cuando la mayor parte de la tierra emergida se unió en un continente gigante bautizado como Pangea. Después se extendieron al hemisferio norte hace unos 214 millones de años. En ese momento, las regiones tropicales y subtropicales intermedias (las zonas más extensas del planeta) estaban dominadas por reptiles gigantes. Pero el frío apareció hace 202 milloenes de años y cambió todo el equilibrio.

Durante el Triásico y la mayor parte del Jurásico, los niveles de dióxido de carbono en la atmósfera eran cinco veces más altas que los actuales, por lo que las temperaturas globales eran mucho más calurosas. Este es el motivo de que no haya pruebas de casquetes polares durante esa época, pero sí de bosques caducifolios que crecieron en las regiones más frías. Sin embargo, algunos modelos climáticos sugieren que las latitudes altas sí que registraron condiciones heladas al menos durante el invierno, ya que a pesar de todo ese dióxido de carbono, esos lugares recibían poca luz solar durante gran parte del año. Pero no se habían encontrado pruebas de estos ‘momentos helados’. Hasta ahora.

Al final del Triásico, un período geológicamente breve de quizás un millón de años, se produjo la extinción de más de las tres cuartas partes de todas las especies terrestres y marinas del planeta, incluidas las criaturas con caparazón, los corales y todos los reptiles de tamaño considerable. Algunos animales que vivían en madrigueras, como las tortugas, sobrevivieron, al igual que algunos mamíferos primitivos. No está claro qué sucedió exactamente, pero muchos científicos lo relacionan con una serie de erupciones volcánicas masivas que duraron cientos de años. En ese momento, Pangea comenzó a dividirse, abriendo lo que ahora es el Océano Atlántico, y separando lo que ahora son las Américas de Europa, África y Asia. Entre otras cosas, las erupciones habrían provocado que el dióxido de carbono atmosférico se disparara más allá de sus niveles ya altos, causando picos de temperatura mortales en la tierra y convirtiendo las aguas del océano en demasiado ácidas para que muchas criaturas sobrevivieran.

Los autores del nuevo estudio citan un tercer factor: durante las fases más explosivas de las erupciones, habrían arrojado aerosoles de azufre que desviaron tanta luz solar que causaron repetidos inviernos volcánicos globales que superaron los altos niveles de gases de efecto invernadero. Estos inviernos podrían haber durado una década o más; incluso los trópicos pueden haber visto condiciones de congelación sostenidas. Esto mató a los reptiles, adaptados al calor, pero los dinosaurios, aislados en zonas más frías, pudieron aguantar este ‘apocalipsis’ climático.

Las pruebas que han encontrado los autores en la cuenca Junggar, en el noroeste de China, son formaciones de arenisca y limolita de grano fino dejadas por sedimentos en fondos de lagos antiguos poco profundos. Esta capa se formó hace 206 millones de años durante el Triásico tardío, y abarcaron la extinción masiva y más allá de este periodo. En ese momento, antes de que las masas terrestres se reorganizaran, la cuenca se encontraba a unos 71 grados al norte, muy por encima del Círculo Polar Ártico. Las huellas encontradas por anteriores estudios muestran que los dinosaurios estaban presentes a lo largo de las costas. Mientras tanto, en los lagos mismos, los investigadores encontraron abundantes guijarros de hasta aproximadamente 1,5 centímetros de ancho dentro de los sedimentos normalmente finos. Lejos de cualquier línea de costa aparente, los guijarros no tenían por qué estar allí. La única explicación plausible de su presencia es que fueran transportados por el hielo.

Este fenómeno se origina cuando se forma hielo contra una masa de tierra costera e incorpora fragmentos de roca de la zona. En algún momento, el hielo se resquebraja y se desplaza hacia el cuerpo de agua contiguo. Cuando se derrite, las rocas caen al fondo, mezclándose con sedimentos finos normales. Es algo que se ha visto con frecuencia en el lecho de los océanos, pero rara vez en el fondo de los lagos; el descubrimiento de Junggar se suma a este escaso registro. Los autores dicen que los guijarros probablemente fueron recogidos durante el invierno, cuando las aguas del lago se congelaron a lo largo de las costas formadas por guijarros. Cuando el clima se volvió más cálido, trozos de ese hielo flotaron con restos de estos guijarros, que fueron transportados al fondo del lago. «Esto muestra que estas áreas se congelaron regularmente y que a los dinosaurios les fue bien», señala Dennis Kent, geólogo de Lamont-Doherty y coautor del estudio.

La clave: las plumas de dinosaurio
Desde los años noventa se han ido acumulando pruebas de que muchos -si no todos- los dinosaurios no aviares, incluidos los tiranosaurios, tenían plumas primitivas. Está claro que su función no era el vuelo, por lo que se cree que los dinosaurios las utilizaban para llamar la atención de sus potenciales parejas durante el apareamiento. Ahora los investigadores señalan otra posible causa: el aislamiento del frío. También existen pruebas de que, a diferencia de los reptiles de sangre fría, muchos dinosaurios eran de sangre caliente. Ambas cualidades habrían ayudado a los dinosaurios en condiciones de frío.

«Episodios invernales severos durante las erupciones volcánicas pueden haber traído temperaturas bajo cero a los trópicos, que es donde parecen haber ocurrido muchas de las extinciones de grandes vertebrados desnudos y sin plumas -afirma Kent-. Mientras que a los dinosaurios emplumados, aclimatados a temperaturas más frías en latitudes más altas, les fue mejor».

Existe el estereotipo de que los dinosaurios siempre vivieron en exuberantes selvas tropicales; sin embargo, «esta nueva investigación muestra que las latitudes más altas habrían estado heladas e incluso cubiertas de hielo durante partes del año», explica Stephen Brusatte, profesor de paleontología y evolución en la la Universidad de Edimburgo. «Resulta que los dinosaurios que vivían en latitudes altas ya tenían ‘abrigos’ para pasar el invierno, mientras que otros muchos de sus competidores del Triásico no, y por eso se extinguieron».

Olsen dice que el siguiente paso para comprender mejor este período es que más investigadores busquen fósiles en antiguas áreas polares, como la cuenca Junggar: «El registro fósil es muy malo y nadie está haciendo excavaciones en estas zonas. Estas rocas son grises y negras, lo que hace mucho más difícil buscar esos restos en estos estratos. La mayoría de los paleontólogos se sienten atraídos por el Jurásico tardío, donde se sabe que hay muchos esqueletos grandes. El paleo-Ártico es una época bastante ignorada».

Tomado de:

Login

Welcome! Login in to your account

Remember me Lost your password?

Lost Password