No solo intolerantes: por qué se ha puesto de moda la leche sin lactosa
Cada vez consumimos menos leche. Lo dice el ‘Informe de coyuntura del sector vacuno de leche’, elaborado el pasado mes de octubre por el Ministerio de Agricultura y Pesca, Alimentación y Medio Ambiente: “En el año 2016 el consumo de leche y productos lácteos cayó un 0,5% con relación al año 2015”. Y es una tendencia: en los últimos 15 años, el descenso ha sido de casi un 25%.
Sin embargo, en este descenso de las ventas de leche -al que acompaña una ligera subida de los precios-, encontramos una excepción: la leche sin lactosa. En 2015, su venta aumentó un 27% frente a la bajada del 4% de la venta de leche entera, desnatada y semidesnatada. Para el año siguiente, 2016, las ventas de este producto ya suponían un 7,8% de las ventas totales de leche.
Todos estos datos tienen una clara traducción para el consumidor: la leche sin lactosa ha pasado de ser una ‘rareza’ a convertirse en un habitual de los supermercados. Tanta está siendo su demanda que incluso los restaurantes y bares ofrecen este tipo de leche a sus clientes. Y cada vez son más quienes lo agradecen.
Pero, en términos prácticos, no son solo los intolerantes a la lactosa -uno de cada tres, según la Autoridad Europea de Seguridad Alimentaria (EFSA)- quienes añaden la leche sin lactosa a su cesta de la compra: en un mercado casi obsesionado con los productos ‘sin’, ‘0%’, light’ y naturales, aumenta el número de consumidores que asocian la leche sin lactosa a una leche menos procesada y más saludable y fácil de digerir. Almudena López Matallana, desde la Federación Nacional de Industrias Lácteas (FENIL), señala el autodiagnóstico como una de las causas del mayor consumo de leche sin lactosa: “Cada vez más personas que presentan alguna molestia o problemas digestivos, por lo que leen u oyen, se autodiagnostican como intolerantes a la lactosa en lugar de acudir a los profesionales de la salud. Esta moda, carente de base científica alguna, lleva al consumidor a autodiagnosticarse y a dejar de consumir productos que no afectan a su salud de ninguna manera”.
La gran demanda de los lácteos sin lactosa ha supuesto para los fabricantes una gran oportunidad de mercado: “Las ventas de estos productos se ven incrementadas año a año alrededor de un 30%, pero no se aproximan ni de cerca a las ventas de leche clásica -señala López Matallana (FENIL)-. Aun así, las marcas fabrican lo que el consumidor demanda y en los lineales podemos ver cómo ahora la leche clásica convive con leches enriquecidas en vitaminas y minerales o con las leches deslactosadas”.
Una oferta más variada
Más del 30% de la población española es intolerante a la lactosa, así lo especifica la Asociación de Intolerantes a la Lactosa (ADILAC). Es precisamente el aumento de estos intolerantes al azúcar natural de la leche lo que, en parte, ha propiciado la llegada de los productos sin lactosa a los comercios con un precio más asequible y una oferta más variada.
Pero, en términos prácticos, no son solo los intolerantes a la lactosa -uno de cada tres, según la Autoridad Europea de Seguridad Alimentaria (EFSA)- quienes añaden la leche sin lactosa a su cesta de la compra: en un mercado casi obsesionado con los productos ‘sin’, ‘0%’, light’ y naturales, aumenta el número de consumidores que asocian la leche sin lactosa a una leche menos procesada y más saludable y fácil de digerir. Almudena López Matallana, desde la Federación Nacional de Industrias Lácteas (FENIL), señala el autodiagnóstico como una de las causas del mayor consumo de leche sin lactosa: “Cada vez más personas que presentan alguna molestia o problemas digestivos, por lo que leen u oyen, se autodiagnostican como intolerantes a la lactosa en lugar de acudir a los profesionales de la salud. Esta moda, carente de base científica alguna, lleva al consumidor a autodiagnosticarse y a dejar de consumir productos que no afectan a su salud de ninguna manera”.
La gran demanda de los lácteos sin lactosa ha supuesto para los fabricantes una gran oportunidad de mercado: “Las ventas de estos productos se ven incrementadas año a año alrededor de un 30%, pero no se aproximan ni de cerca a las ventas de leche clásica -señala López Matallana (FENIL)-. Aun así, las marcas fabrican lo que el consumidor demanda y en los lineales podemos ver cómo ahora la leche clásica convive con leches enriquecidas en vitaminas y minerales o con las leches deslactosadas”.
En cualquier caso, ya sea por un problema real de intolerancia o no, los hábitos de consumo están cambiando y la leche sin lactosa se ha convertido en el único lácteo en auge, un dato que incentiva a los productores a cuidar aún más la elaboración de este producto. Ejemplo de ello es el reto de las industrias lácteas de asimilar el sabor de la leche sin lactosa –más dulce que el de la leche normal– al de la leche tradicional.
Pero además, y frente a esta nueva tendencia, las marcas responden de otras maneras: incluyendo la leche sin lactosa dentro de su gama de productos, publicitándola como un alimento destinado al público general e incluso extendiendo el efecto ‘sin lactosa’ a otros lácteos como yogures o quesos.
Textos y foto El Confidencial