POR QUÉ ESCRIBIR?

POR: LUIS ANGEL REBOLLEDO CHAUX


Nuestra mente es una caja de resonancia en la que rebulle un cúmulo de ideas, situaciones y sentimientos que de alguna manera hay que proyectar al exterior para evitar que convulsionen y se produzca un caos mental.

La evacuación de ese receptáculo puede hacerse con manifestaciones orales o escritas; aunque ambas formas son muy expresivas de los sentimientos humanos y producen efectos positivos o negativos según la bondad o maldad conque se las utilice, en esta columna me estoy formulando la pregunta “por qué escribir”, lo cual me lleva a afirmar que la expresión escrita deja un rastro visible inmodificable que va formando unos archivos históricos fácilmente consultables y asimilables –lo escrito, escrito está- ocurriendo lo contrario con la simple oralidad, que produce efectos inmediatos pero por su volatilidad puede diluirse y flotar en el espacio por un breve tiempo.

Escribir es dejar que las manos plasmen con caracteres legibles, los dictámenes que la mente o el espíritu ponen a disposición del ser humano, no es más que el reflejo de la personalidad de quien lo hace, escribir es tener una relación interior con todo ese universo que nos rodea, dejando que fluyan todas esas situaciones o sentimientos, que impresos puedan dejar una enseñanza, una experiencia de vida o generar una grata sensación; pero también se puede escribir para lisonjear o exaltar méritos de alguna o algunas personas sin merecimientos, cayendo en una adulación servil detestable e improductiva; para escribir se necesita carácter, objetividad e independencia mental que permitan presentar un panorama real de lo que se pretende sin sesgos, sin verdades a medias , sin confusiones o malas intenciones; se debe escribir para informar, para criticar y denunciar comportamientos que la mente capta como irregulares o ilícitos, pero debe hacerse con fundamento, con imparcialidad para evitar caer en la calumnia y siempre con la certeza de que sus efectos puedan ser positivos. No debe utilizarse el don de la escritura para dejar una huella oscura y desorientadora, por el contrario cualquiera de las formas escritas como un libro, un periódico, una crónica, una columna, etc., debe llevar un mensaje claro y lleno de grandeza y convertirse en una guía inductora para la realización de actos positivos y ejercicio de unos comportamientos útiles al medio social.

El ejercicio periodístico escrito es el instrumento de comunicación social más popular y eficaz en nuestro medio, pero al mismo tiempo el más afectado por los avances de la modernidad en esta materia a todos los niveles.

Cada día este mecanismo de difusión está siendo desplazado y por consiguiente las empresas periodísticas se ven abocadas a problemas financieros para subsistir. De todas maneras el placer del buen lector está en coger el periódico o el libro en sus manos e ir recorriendo hoja a hoja su contenido y repetirlo si es necesario a fin de entender mejor el mensaje y acogerlo o desecharlo de acuerdo a su criterio.

Es casi imposible leer con agrado un libro a través de una pantalla de computador, en primer lugar por el agotamiento físico que ello implica, especialmente el cansancio visual e igualmente porque no se tiene el placer de sentir entre sus dedos la textura del papel al ir pasando hojas y subrayar aquello que le despierte interés.

Por lo anterior, creo que debemos seguir escribiendo porque con ello quien lo hacemos continuaremos dejando que nuestras nanos vibrantes sigan imprimiendo con madurez y diafanidad muchas cosas o sentimientos elementales o complejos que de alguna manera se traduzcan en resultados positivos que dejen una senda de esperanza o por lo menos de un sano y productivo comportamiento social. Nuestros escritos como ya lo dije deben constituir un archivo histórico escrito proyectado hacia la posteridad.

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