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SEMANA SANTA EN POPAYÁN, PASIÓN, POLÍTICA E HISTORIA. La columna de opinión de Oscar Rodrigo Campo

Por: Óscar Rodrigo Campo Hurtado
Representante a la Cámara por el departamento del Cauca

Cuenta la picaresca narrativa de los “enfuerces”(reuniones de amenos contertulios, orgullosos cargueros de Semana Santa) que, en un hermoso paso donde Cristo va ya crucificado después de ser torturado por los romanos, al haber pasado casi la mitad del recorrido, tomando vida la figura Quiteña del siglo XVIII, miró con ternura a uno de los cargueros, que fue después un muy querido y gran alcalde de la ciudad, y con lágrimas en los ojos le dijo: “Flaquito, mejor cambiemos de puesto, porque usted va más golpeado que yo y así no llegamos al templo de San Agustín otra vez”. Historias como esta hay miles, que nos llaman a propios y extraños a vivir con pasión e intensidad esta semana en la Ciudad Blanca.

La tensión política bipartidista que se vivió particularmente en la década de los años cuarenta no fue ajena a las procesiones de Semana Santa. Cuenta la historia que un grupo de conservadores se percató que la imagen del siglo XVII del Santo Ecce Homo, tenía un alto fervor de los liberales en Popayán, a tal punto que, cuando le ganó la presidencia Olaya Herrera al Poeta Guillermo Valencia, la celebración liberal fue en la iglesia de Belén teniendo como símbolo principal la imagen del Santo Ecce Homo, patrono de Popayán. Estas contradicciones llevaron a inspirarse a los más recios conservadores que como, Guillermo Velasco, en versos denotaban el malestar de sus perdedores copartidarios, “el gorgojo que es tu mal y motivo de procesos tuvo origen en los besos de la chusma liberal”; verso que años después tuvo respuesta por parte de los liberales, “Jesús hijo de María, oh divino redentor, ya comprendo tu agonía, viéndote en la compañía de tanto conservador”. Lo cierto fue, que el embajador de ese entonces en España, Guillermo León Valencia, dirimió la tensión en 1952 con la creación de una réplica española de la imagen del Santo Ecce Homo que le dio connotación conservadora, conociéndose así hasta la actualidad como el “amo conservador”, poniéndose este a circular los días santos y dejando el Amo Ecce homo “Liberal” para las procesiones del primero de mayo.
Nada diferente a la disputa política sobre el Patrono de Popayán, sucedió en el siglo XIX, durante la guerra de Los Supremos, cuando los dos caucanos más importantes de la historia republicana, después de combates, ostentación de poder, presidencias e insurrecciones, encontraron en las procesiones de Semana Santa otro escenario para la historia. José María Obando y Tomás Cipriano de Mosquera, trasladaron a las calles de Popayán la famosa persecución que le hizo Mosquera a Obando, quienes según, las lenguas de mis coterráneos eran primos de sangre no reconocidos y donde la acertada corazonada del “Mascachochas”, lo hizo presumir que la obsesión de Obando por cargar en las procesiones no tendría destino diferente a su presencia ese Martes Santo debajo de las andas de la Virgen de los Dolores. Pero no sólo Mosquera era astuto, Obando también presintió que buscarían aprehenderlo a él y al general Sarria finalizado el desfile religioso. A pocos metros de terminar la procesión los esperaban en medio de los feligreses y alumbrantes dos personajes desconocidos con túnicas y alpargatas que con el santo y seña de “¡pichón, pichón!” hicieron un cambiazo comentado hasta hoy, dejando, viendo un “chispero” a los soldados del General Mosquera y dando vida en la jerga payanesa a un nuevo verbo que se llama pichonear, actividad realizada por particulares transeúntes que sacan y entran los pasos de las iglesias.

La modernidad nos ha mostrado a figuras de la política nacional “pichoneando” en las procesiones de la Semana Santa, vimos a Duque, a Santos y a Pastrana, midiéndosele a esta no fácil actividad, con una alta dosis de sacrificio y de resistencia, la misma que mostró durante años un icónico hombre de la política caucana como Aurelio Iragorri Hormaza, de quien ni sus amigos, ni sus contradictores, dudaron que fue un excelso carguero, como cuando en alguna procesión emprendió cuatro cuadras de carguío, en ausencia de su segundo hombro (carguero que va al lado del carguero de la esquina para compartir peso), asumiéndolo solo, sin mostrar siquiera reflejo alguno de angustia o cansancio. Pero también, vale la pena mencionar a su cuñada Alma Valencia López, que decidió en 1954 unirse a la actividad exclusiva, hasta ese entonces, de indígenas, afros y mujeres mestizas, que sahumaban en las procesiones, encarnando esta, a una de nuestras hermosas ñapangas dadoras de aromas de incienso al paso de Cristo.

No puedo dejar de confesar que me apasiona la historia de la semana Santa en Popayán, la misma que me ha permitido recibir de mi abuelo César Alfonso Campo y de mi Padre César Rodrigo Campo, la tradición del carguío que hice con orgullo durante 20 años en el barrote del Santo Ecce Homo “conservador”, siendo los Campo de origen Liberal, cargando actualmente en ese barrote mi primo, el “mono” Sánchez Campo. Viví la tradición al lado de personas como Enrique González, Juan Carlos y Gustavo Varona, el “indio” Serna, Jaime Velasco, Régulo Vidal, Juan Pablo Matta Casas y familias, de distintas estirpes sociales, eso sí, muy queridas todas, como “Los Huevos”, “Los Matapalos”, los Pajoy, los Caicedo, los Paz, los Perafán, los Casas, los Vallejo, los Velasco Melo, los Reinoso, los Negret y muchos grupos familiares más, que junto a mis primos los López Campo, han mostrado una mezcla de amor, compromiso, constancia y hasta fanatismo por la tradición.

Las procesiones de Semana Santa en Popayán son una oportunidad para reconocernos, recordar y valorar nuestro origen mestizo y multicultural, son un punto de encuentro de la historia de la ciudad y la nación. Son la posibilidad de seguir procesionando (caminando juntos) en búsqueda de la unidad para construir juntos el futuro de los que hoy están honrando a los que estuvieron y buscando lo mejor para los que vendrán.

¡Popayán siempre hermosa!

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